sábado, 9 de julio de 2005

Primeros reproches (I)

Piénsalo bien antes de actuar. Las consecuencias pueden ser muy graves.
No te estoy sermoneando, simplemente me preocupo por ti. Lo ignoras pero eres mi mejor inversión. Cada paso que dabas, allí estaba yo. ¿Por qué?
Un día te vi sentada en un banco del parque cercano a tu oficina y llamaste mi atención. Eras un rostro entre la multitud. Desde entonces, no te quito ojo de encima.

En tu vida ha habido moscones, yo he espantado a la mayoría sólo por ti. Ninguno de ellos te merece.

¿A qué viene ese reproche? ¿Acaso no debí hacerlo? ¿Te gusta sufrir? Ya veo...

Seguro que alguna vez te has preguntado para qué sirve ese interruptor extra de tu habitación. Sí, ese que nunca te atreves a pulsar. Puedo asegurarte que con él no encenderás ninguna luz.