miércoles, 25 de enero de 2006

Hay miradas...

En aquel instante pensé que realmente las miradas podían matar. El culpable de la situación no era yo, de eso estaba completamente seguro. Pero ella no parecía opinar igual.

Toda la producción del día se había ido al carajo porque alguien se había quedado dormido durante los test de calidad. Resultado: un montón de dinero, recursos y tiempo desperdiciados.

Normalmente mi supervisora suele actuar fríamente en situaciones de crisis, pero hoy no es una jornada cualquiera. El día de hoy será recordado como el día en que colocamos en cada hogar del planeta una máquina del tiempo... o, tal vez no. Ningún miembro del Consejo se había plantado en esa disyuntiva. Así que los temores, las broncas se deslizaban verticalmente por el escalafón hasta llegar a mi jefa.

Estaba cabreada de verdad. Supongo que sería por la presión que sentía en su culo. Pero no sería humana si una situación como la presente no le hiciera perder los estribos.

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