lunes, 17 de julio de 2006

Primeros reproches (III)

¿En qué piensas? No sé para qué pregunto. Tu rostro es como un libro abierto para mí. Te conozco, prácticamente desde siempre. Sí: desde aquellos tiempos en los que decidiste que te tomarías la justicia por tu mano y acabarías con toda aquella gentuza.

Aquellas personas daban asco. Eso es cierto. Aunque lo que más te duele es que no te percatases de ello hasta el último momento. Siempre te sonreían sin motivo, siempre dispuestas a hacerte favores sin pedir nada a cambio. Uno podría llegar a creer que siempre estarían allí para echarte una mano cuando fuese necesario. Pero no todo lo que reluce es oro, amigo. Eso lo aprendiste aquella tarde. Sí, esa que tanto te esfuerzas por borrar de tu mente sin resultado alguno.

Unos días antes de que todo esto comenzase, recuerdo que ya te lo advertí. "Confías demasiado en la gente - te dije -. No siempre jugarán limpio y, desde luego, no dudarán en apuñalarte por la espalda si eso les reporta algún beneficio". Tú te encogiste de hombros y seguiste igual.

Aquella tarde todo te estalló en plena cara. Pensaste que les estabas haciendo un favor y, aunque siempre les mantuviste al tanto de todos tus pasos, ellos lo vieron como la oportunidad perfecta para satisfacer un viejo y mezquino anhelo. Fingieron olvidos y sus máscaras confeccionadas con mentiras y buenas maneras cayeron. Un argumento endeble les sirvió para hacerte luz de gas en el escenario que tanto ayudaste a crear de la nada. Ellos ganaron.

Esa insoportable manía tuya de vivir anclado en el pasado me saca de quicio. ¿Acaso no se me nota? Pasar las horas muertas analizando y contextualizando todos los hechos que componen tu pasado me parece una pérdida de tiempo. No obstante, debo reconocer que sobre este particular en concreto has logrado llegar a interesantes conclusiones:

1ª- Aquellas personas, culpables de tu perenne mal humor, actuaron como lo que eran: simples seres humanos. Con sus miserias, sus sueños y metas. Sólo buscaban lo que todos buscamos.

2ª- Eras un crío y no viste lo que se te venía encima. Por mi propia experiencia, te puedo garantizar que esta clase de gente siempre mete la pata. Bajan la guardia por unos instantes y dejan entrever sus verdaderas intenciones. Y, eso es lo que más te cabrea: de haber sido más cauto y observador, te habrías ahorrado toda esta amargura. Si te hubieras percatado de ello a tiempo, otro gallo hubiera cantado. Y, esto es lo que NO puedes perdonarte a ti mismo.

Y...

3ª- Todos tus proyectos actuales son la consecuencia directa de aquella mala experiencia. Y, por supuesto, vives aislado, desprecias a todo el mundo (incluido a ti mismo) aunque finges lo contrario con pasmosa facilidad. Ahora hasta desconfías de todo el mundo... Bueno, eso lo has aprendido de mí. ¡Nadie es perfecto!

Comprendo que los odies. Menospreciaron tus logros y no dudaron, tras tu marcha, en hacerlos suyos sin perder un instante. Ellos ganaron, ¿no? Por suerte para ti, la vida es un contínuo ir y venir. Tan pronto estás abajo como arriba y, viceversa. Ahora, estás en la cima. Es el momento de que todos tus sueños se hagan realidad.

Confieso que me gustaría que dejases de pensar en el pasado de una vez por todas. Querría que disfrutases de tu éxito y que nos mirases a todos por encima del hombro. Desearía verte pagado de ti mismo, seguro de tu talento. Mas, sé que no lo harás: ese jamás será tu estilo. Al menos, sé que no actuarías de esa manera con todo el mundo.

Tú y yo conocemos a un grupo de personas que no se portó bien contigo. Se hicieron amigos tuyos, alabaron tus aptitudes para [censurado], y al ver que les comías terreno, conspiraron contra ti. Esa gente se merece un correctivo. Y, decidiste hacérselo llegar.

Desde luego, fuiste realmente sutil al elegir el método para lograr tus fines. ¿Acaso no hay mejor venganza que hacer fracasar los sueños de los demás? Y, ¿contarles, justo al final de sus vidas, que eres el artífice de todos sus fracasos...? ¡Ummmm! ¡Ese momento no tiene precio! Sí: la idea fue enteramente tuya. Puedes sentirte orgulloso. Pero, por tu bien, espero que no te arrepientas. Costaría horrores deshacer lo andado.

¡Ah! Y, no olvides el ojo por ojo. Seguro que cuando vuelvas a estar abajo, esa gentuza que tanto desprecias, te la tendrá jurada.

lunes, 10 de julio de 2006

DJ

Hace unos pocos minutos que he terminado de visionar este cortometraje. Introduce una nueva perspectiva de las consecuencias de realizar ciertos cambios...



La url del mismo por si acaso.