domingo, 3 de septiembre de 2006

Se vende

Uno empieza a notar que el verano se termina al percibir ciertos cambios en el ambiente. Primero, las noches empiezan a ser más fresquitas y los días, poco a poco, se van acortando. Después, ese gran vampiro de nuestro tiempo de ocio, o sea la televisión, recobra su habitual ritmo de basura rosinegra, noticias amarillas, y fútbol. Atrás quedan las noticias de relleno y las reposiciones absurdas. Los programadores sienten la llamada de la sangre: es hora de volver a la lucha por arrebatarle espectadores a la competencia al mínimo coste.

Si éstos disfrutaban de una bajada notable en la duración de los bloques publicitarios durante la época estival, con la llegada de septiembre ya pueden echarse a llorar: regresan con fuerzas renovadas las teletiendas, los anuncios de colchones y almohadas milagrosas, los coches que jamás podrás adquirir, las máquinas para reducir peso rápidamente, y un larguísimo etcétera. Mas, existe un par de anuncios típicos de esta temporada que pueden exasperar al telespectador más paciente: estoy hablando de la vuelta al cole y los coleccionables.

Es vergonzoso que, a partir de mediados de agosto, los anunciantes proclamen a los cuatro vientos que las vacaciones se terminan, que se acabó lo bueno, y que la vuelta al colegio y/o trabajo está muy cerca. ¡Vale! Hay que vender y hacer pasta gansa con los gastos que ocasiona equipar a los churumbeles para volver al colegio... ¡Pero te lo anuncian a un mes vista! Esto constituye un atentado contra el tiempo de ocio de todos: los padres porque tienen que ir pensando en aflojar la pasta, y los críos porque aún están de vacaciones.

Pero, ¿qué sucede cuando los hijos han vuelto a los libros y los adultos hemos vuelto al trabajo? ¿Cómo soportaremos el duro día a día? Una vez más, la televisión tiene la respuesta: los coleccionables. Los tenemos de todas las clases: miniaturas, literatura, libros en miniatura, coches de colección, coches en miniatura por piezas, enciclopedias en fascículos, muñecas, robots, muñecas en miniatura, etcétera.

Con esas colecciones por entregas que nunca completaremos, seremos capaces de soportar el paso de los meses... Y, allá por el mes de octubre, suspiraremos porque la televisión ya nos anuncia la navidad. ¡A mediados de octubre y pensando en la navidad! ¡Qué gente!

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