martes, 12 de septiembre de 2006

Tío, tú eres tonto

Agosto. Un tiempo espléndido. Y, tú trabajando como siempre. Tienes un turno nuevo y sólo libras un día entre semana. En lugar de irte a la playa, vas a tu sucursal bancaria habitual a pagar unas facturas. Haces cola, llega tu turno y te plantas delante de una de las cajeras. Es nueva, joven, guapa... y te pregunta por algo personal que nada tiene que ver con asuntos de índole monetaria.

Sus inesperadas palabras y su pícara mirada te desconcentran, contestas como buenamente puedes y reconduces la situación hasta recobrar el control de ti mismo. Haces lo que habías ido a hacer, te despides educadamente y das media vuelta.


¿Qué ha sido eso?
A medida que tus pasos te alejan de ella, te preguntas: ¿le gusto o sólo ha sido una muestra de cortesía profesional por su parte que mi mente calenturienta ha malinterpretado a posteriori? Dos horas después, ya te estás comiendo el tarro pensando en lo que podría haber ocurrido si hubieras demostrado tener sangre en las venas.

Tío, ¡tú eres tonto! Confío en que hagas lo posible para volverla a ver y aclares si realmente le gustas o no. Por tu bien y por el bien de los que te rodean...

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