domingo, 31 de diciembre de 2006

2007

Este 2006 se ha portado bien conmigo. He tenido trabajo, dinero y salud. De amor, nada de nada.
Espero que 2007 sea mejor aún para todos, mas dicho objetivo no se logra sin trabajarlo a fondo. ¡Nos vemos el año que viene!

lunes, 25 de diciembre de 2006

Dormido (I)

Hace algunos años acudí a mi médico de cabecera para consultarle lo que yo creía un problema sin importancia. Le conté que llevaba semanas sin dormir bien, que me dolía la cabeza y que tenía problemas de concentración. Mi médico me explicó bastante preocupado que aquello podría ser grave y, por si acaso, me envió al hospital. Allí me hicieron un montón de pruebas y, en menos de una semana, volví a la consulta de mi médico para conocer los resultados.

Tomó el informe en sus manos y revisó durante varios minutos los gráficos que contenían sus numerosas páginas. Al fin, levantó la vista y me sonrió aliviado. Me explicó que no me sucedía nada grave, nada de lo que preocuparme... Aunque, cuando mencionó algo de una mancha en mi cerebro me angustié bastante. Me tranquilizó contándome que aquella sombra sin importancia estaba situada en la zona del cerebro que regula ciertos procesos conscientes secundarios y que sus efectos podían contrarrestarse fácilmente con medicación.

Reflexionó unos segundos y me dijo lo siguiente:

"Le voy a extender una receta. Es un tranquilizante muy suave sin apenas efectos secundarios. Se sentirá mejor en unos días y podrá volver a conciliar el sueño con total normalidad. En unos días sus cefaleas habrán desaparecido".

Cogí la receta y me marché de la consulta esperando no tener que volver jamás. En cuanto entré en casa, me relajé por completo. Me di una ducha, y por unos interminables veinte minutos, me olvidé por completo de todo lo que me había preocupado en la última semana. Aquella misma noche, inicié el tratamiento.

Los siguientes tres días, dormí como un niño. Ni pesadillas ni nada. Dulces sueños. Pero, al cuarto día las pesadillas regresaron. Esos sueños horribles me desvelaban por completo y no podía pegar ojo en toda la noche. Y, justo cuando creía que no podía irme peor, volvieron los dolores de cabeza.

No dejé pasar ni un día más y acudí al médico. Otra vez en la sala de espera. Las mismas preguntas y dudas. De nuevo, la angustia.

Cuando mi doctor de cabecera me vio en la sala de espera, reconocí un gesto de inesperada sorpresa en su rostro. Sus palabras me lo confirmaron. Le conté que las pastillas ya no me hacían efecto, que no conseguía dormir y que cuando lo lograba las pesadillas me despertaban a los pocos minutos. Todo esto sin olvidar mis dolores de cabeza. Tras escuchar mis palabras, decidió extenderme un tranquilizante más potente y analgésicos. También me sugirió visitar a algún terapeuta para estudiar la cuestión de las pesadillas.

Me mostré reticente ante la idea de sentarme en un diván. Pero, ¡qué demonios! Contarle mis problemas a un extraño sería mejor que continuar con las pesadillas. No obstante, mi médico me preparó un volante para rehacer los exámenes médicos... por si acaso mi mancha había crecido.

Volví a casa más confuso y somnoliento que nunca. Tomé la guía de teléfonos y busqué la sección de loqueros. Elegí cinco nombres y, tras un proceso de eliminación más bien aleatorio, elegí un nombre. Ahora tenía en mis manos la dirección y el teléfono de un psiquiatra particular. Dudaba si merecía la pena gastarme una parte significativa de mi sueldo al mes para conseguir dormir bien toda la noche.

Finalmente, me decidí y marqué el número.

jueves, 21 de diciembre de 2006

Carl Sagan

Hoy se cumplen 10 años de la muerte de Carl Sagan. Gracias a él y a su nave de la imaginación, aprendimos que ahí fuera hay estrellas, planetas, galaxias... Con él, nos asomamos a un universo de posibilidades. Los primeros pasos en la astronomía los dimos, en gran parte, animados por su tesón y su contagioso entusiasmo.
Pero, al margen de su labor divulgadora, también destacó como azote de la superchería y demás parachorradas.
De cualquier forma, una gran pérdida para la humanidad.
¡Te echamos de menos!

Nota: con motivo del décimo aniversario de su defunción, se ha creado esta bitácora.

Vía El lobo rayado, Por la boca muere el pez y Microsiervos