sábado, 29 de diciembre de 2007

A cielo abierto (II)

Querida Ana:

En este último año y medio me han ocurrido muchas desgracias. Tú lo sabes bien. Después del accidente no he vuelto a ser el mismo. Cuando me estrellé con mi coche en el fondo del pantano, no pensé que saldría de aquello con vida. En realidad, no recuerdo nada de quien fui antes del accidente. Mis médicos insistieron mucho en tranquilizarme, que no preocupase, que ya lo recordaría todo cuando fuera necesario. Tú bien lo sabes...

Es mejor no insistir. Empeñarse en recordar el pasado o empeñarse en vivir. Me he decidido por esto último. Tal y como te conté en mi último correo electrónico, necesitaba ocupar mi tiempo en algo. Así que mandé unos cuantos currículums a empresas del sector tecnológico por si alguna buscaba personal. Tras varias entrevistas, me han aceptado en una importante. No puedo contarte más porque me lo acaban de confirmar. No me hago muchas ilusiones. A pesar de mis estudios y de mis años experiencia, mis lesiones no juegan a mi favor. ¡Ya te contaré más la próxima vez!

¡Un beso!

miércoles, 26 de diciembre de 2007

A cielo abierto (I)

No puedo dormir. Llevo horas dando vueltas en la cama sin poder conciliar el sueño. En ocasiones como ésta, recurro a la música para despejarme, para dejar de pensar. Pero esta vez no funciona. El estrés provocado por la falta de sueño no me conviene en absoluto, palabras textuales de mi médico.

Mañana, si todo sale como está previsto, será un gran día para mí. En poco más de cinco horas, tengo una entrevista con el jefe de personal de una importante empresa. Necesitan personal y yo necesito el trabajo. Tengo facturas que pagar y una vida por delante.

jueves, 20 de diciembre de 2007

Cel Fosc gana el juicio

Sin más preámbulos, el enlace de rigor. Si queréis votar la noticia en Menéame, el link es éste. Quizá el titular sea un tanto contundente, pero creo que la noticia lo merece.

¡Un saludo!

viernes, 14 de diciembre de 2007

Tan muertos como yo

Una vez más, nuevo post vía ¡Vaya Tele! (y van dos esta semana).

Al parecer habrá un telefilme que continúe una de mis series favoritas: Tan muertos como yo. Apenas tuvo dos temporadas y mereció más en opinión del que esto escribe. Es bueno que vuelva, si su resurrección está a la altura.

¡Un saludo!

martes, 11 de diciembre de 2007

El Informal

Cuando pienso en "El Informal", recuerdo uno de los mejores programas de televisión de los últimos 15 años. Quizá exagero un tanto, pero casi todos sus profesionales continúan, años después, deleitándonos con su trabajo. Se podría decir que, salvando las distancias, "Sé lo que hicistéis..." es un heredero directo más que digno de aquel mítico espacio de la antigua cadena amiga.

Un reciente post de Vaya Tele nos relata la historia de cómo surgieron los videoclips de "El Informal". La historia completa la podéis encontrar en el blog de Javier Capitán, director del añorado informativo satírico.

Leedlo, que no está nada mal. ¡Qué recuerdos!

martes, 4 de diciembre de 2007

[Meme] Las 8 cosas pendientes

Quisiera empezar esta anotación sin recurrir a los tópicos. No me he marchado, ni me he ido. Tampoco he abandonado este gélido lugar. Sólo me he mantenido alejado por las causas que ya he comentado suficientemente. Por tanto, esto no es una vuelta ni un regreso: es una continuación.

Allá por el mes de octubre, Fabrical Dreams me invitaba a participar en el Meme de las 8 cosas. Ha pasado el tiempo, lo sé. Y no se me ocurre ninguna forma mejor de retomar el blog como es debido que participando. Como en el Club de la Lucha, las normas:

a) Cada jugador comienza con un listado de 8 cosas. Da igual las que sean, pero que sean 8.
b) Tienen que escribir esas 8 cosas en su blog y junto con las reglas del juego.
c) Tienen que seleccionar a 8 personas más, invitarlas a jugar y anotar sus nombres o el nombre de su blog.
d) No olviden dejar un comentario en sus blogs respectivos de que han sido invitados a jugar, refiriendo al post de tu blog “EL JUEGO” o “El meme de las 8 cosas”.

Veamos... Allá van mis 8 cosas:

1.- Escribir un relato largo. Cualquiera que le eche un vistazo a esta bitácora comprobará que mi producción la componen nanocuentos más o menos extensos. Desde que volví, me he dedicado a revisar los textos. No creo estar repitiéndome, pero sí me veo estancado. Ya es hora de arriesgar un poco.
2.- Aprender a ponerle las cadenas al coche. No sé hacerlo, lo reconozco.
3.- Viajar más. Nada mejor para espabilar las neuronas.
4.- Visitar Japón. Esta te la copio, Armi.
5.- Ver Rebuild of Evangelion. Me pica la curiosidad.
6.- Terminar de traer mis pertenencias a casa. Después de la reforma y la vuelta, tengo que encontrar un sitio para cada cosa.
7.-Conocer gente nueva.
8.-Mejorar mi puntualidad.


Lanzo el desafío a: Viento en las Velas, Tombstone Express, Proyecto de Ciencias y Parad el mundo, que me bajo. Como no llego a ocho ni por casualidad, cualquier comentario anónimo que me ayude a completar el meme de octeto será bien recibido.

¡Un saludo!

viernes, 16 de noviembre de 2007

Reflexiones en la fría noche

En la tarde de ayer, los termómetros marcaban 2º de temperatura en Vitoria. El cielo estaba completamente despejado y eso invita al disparate. Según regresaba a casa, dejaba atrás a una Luna creciente y el hongo luminoso provocado por la contaminación lumínica de Gasteiz. A medio camino de regreso a casa, decidí pararme en el arcén y apagar las luces. A pesar del frío, salí de mi vehículo y alcé la vista al cielo. En un minuto, mis ojos se adaptaron a la oscuridad lo suficiente como para observar el Camino de Santiago.

¡Había olvidado cómo es la Vía Láctea! ¿Cuántos años habrán pasado desde la última vez que la vi?

A las 20:00 h de ayer, se convocó otro apagón de cinco para ahorrar energía y llamar la atención sobre el cambio climático. Ignoró qué respuesta hubo a la convocatoria, pero sí sé lo mucho que queda por hacer.

Anexo (20-11-2007):

Parece que el apagón no fue tan popular como el anterior. ¡Una pena!

lunes, 29 de octubre de 2007

17P/Holmes

Abandono mi temporal retiro para hacerme eco de la aparición de un cometa visible a simple vista en nuestros cielos. Se trata del 17P/Holmes que, tras sufrir un repentino estallido, ha pasado de ser visible únicamente con telescopios a ser visible a ojo desnudo. Más información en esta nota de "El lobo rayado" y en esta otra del blog de Javier Armentia. Con esta meteorología tan adversa de estos días, aún no he podido observarlo. A ver qué tal se porta.

¡Saludos malvados!


P.S.: Las obras acabarán pronto y sólo quedará esperar los muebles.


Anexo (7 de noviembre de 2007):

Para regresar a casa desde Vitoria, tomo cierta carretera secundaria que atraviesa un conocido Parque Natural. Así que, me paré en el arcén con la oscura intención de observar el cometa. Allí estaba: como una estrella brumosa de la constelación de Perseus. Me habría gustado tener mis prismáticos a mano, pero con la mudanza les he perdido la pista. Por ahora, tendremos cometa para rato mientras la meteorología acompañe.

jueves, 11 de octubre de 2007

Cambios en lo laboral

Con la obra en marcha no tengo ni internet ni cosas que contar. No obstante, hace unas horas mi situación laboral ha cambiado para bien. Yo lo dejo caer para que os alegréis por mí.

viernes, 14 de septiembre de 2007

Tengo paredes

Puedo afirmar sin ningún género de dudas que ya tengo paredes nuevas, o casi.

miércoles, 5 de septiembre de 2007

Ausente

¡Hola, peña!

Durante los próximos meses, apareceré por aquí en contadas ocasiones. Me explico: mi casa está en obras y sólo tengo internet en el curro y gracias. Hasta diciembre, mi piso será en la práctica un campo de batalla donde el polvo, las mazas y los taladros dictan la ley. No sintáis pena por mí que todo esto es para mejor.

¡Un saludo malvado!

viernes, 24 de agosto de 2007

Rebuild of Evangelion 1

¡El próximo 1 de septiembre en los cines de Japón! ¿Qué cambios habrán introducido? ¿Contarán con más y mejores medios la misma historia de siempre o nos sorprenderán con nuevos misterios? Pronto lo sabremos.

He intentado publicar aquí mismo uno de los trailers que desde hace un tiempo pululan por la red, pero no quedaba nada bien. Así que, tendréis que pinchar
aquí para verlo.


Actualización [5 de septiembre de 2007]:

Fabrical Dreams también dedica una entrada a este interesante asunto.

¡Un saludo malvado!

martes, 24 de julio de 2007

¡Ha vuelto!

Últimamente publico entradas con fines puramente promocionales. Y, este post no es una excepción. En este caso, es Tombstone Express el que vuelve. Aquí tenéis la nueva creación de Antonio Jarreta Blasco.
¡Un abrazo!

domingo, 22 de julio de 2007

La ley de Murphy

Mi buen amigo el Capitán Flint dedica un post más que interesante a la Ley de Murphy. Todo lo que siempre quisistéis saber sobre ella y nunca tuvistéis el valor de preguntar. El enlace, aquí .

¡Hasta otra!

sábado, 21 de julio de 2007

Pensamientos en tiempos difíciles (II)

Era una mañana como otra cualquiera. Nadie notó nada raro en él. Actuaba como siempre: feliz, charlatán hasta un punto insoportable y muy trabajador. Pero a mediodía, durante la pausa para el café, recibió un mensaje en el móvil. Estábamos charlando y le sonó. Extraño en él puesto que solía tenerlo siempre en modo silencioso. Al leer el contenido del mismo, se quedó blanco. Todos nos dimos cuenta y le preguntamos si le pasaba algo. Contestó que no, que simplemente acababa de perder una apuesta y por eso se había quedado tan planchado.

No le dimos mayor importancia y lo dejamos estar. El resto del día se comportó como siempre, aunque un tanto más serio y reservado de lo habitual. Al terminar su turno, se despidió de todos nosotros y ya no volvimos a verle.

Al día siguiente, no apareció. El supervisor llamó repetidamente a su casa sin obtener respuesta. Su teléfono móvil, fuera de cobertura. Al principio, pensamos que había sufrido algún accidente de tráfico. Muy pronto esa opción quedó descartada. A la mañana siguiente, se interpuso la denuncia por desaparición. Y, tres años después, seguimos sin noticias de nuestro compañero. Nadie ha vuelto a verle desde entonces.

Unos dicen que le tocó la lotería, que fue secuestrado y asesinado y que su cadáver yace en el fondo de algún pantano. Otros, los más optimistas, opinan que se golpeó la cabeza y anda por ahí amnésico perdido. Yo soy pesimista y estoy seguro de que todo esto fue por aquel mensaje. Perdió una apuesta, eso dijo. ¿De qué tipo? ¿Se jugó todo su dinero y le salió el tiro por la culata? ¿Se juntó con malas compañías? ¡Quién sabe!


La vida continúa sin él. No dejó familia esperándole. Dicen que el que no desea ser encontrado jamás aparece. Espero que, si sigue con vida, cambie de opinión y vuelva a nuestro lado. Seguro que tendrá mucho que contar.

domingo, 1 de julio de 2007

Julio

Un mes cálido para disfrutar del sol y de los cielos despejados. Estrellas, ¡¿para qué os quiero?!

Mucho trabajo. Cambios. Estrés. Dolor. Placeres ocultos.

Y, además, esta fecha en el calendario me trae a la memoria una pregunta: ¿por qué últimamente actualizo el Caos en domingo? Una pregunta inquietante...

¡Gracias por estar ahí!

Razones

En este momento, me encuentro en un lugar de dudosa reputación. No sé cómo he llegado hasta aquí y no quiero saberlo. Debería aprender a evitar a mis amigos. Sin duda, me ahorraría grandes decepciones. Mi máxima preocupación es salir de aquí lo antes posible, ya que mis camaradas me han vuelto a dejar tirado. [Nota para mí mismo: conocer gente nueva, abandonar lo viejo y abrazar nuevas aficiones]. Ya ves, razones no me faltan para cambiar de vida.

A pesar de mi actual situación, reconozco que no estoy precisamente muy motivado. Supongo que tengo otras cosas en la cabeza. O, eso o quizá estoy a punto de perder la cabeza por una chica. Soy estúpido y moriré por ello. Debería haberme mantenido al margen, pero cuando la razón queda anulada por los impulsos no hay nada que hacer. Es simple: ya no estoy seguro de querer salir de aquí porque soy incapaz de mantener mi bragueta bajo control.

Conozco a una tía en un sitio como éste. Ella me gusta a primera vista, y parece que mi presencia no le desagrada. ¿Qué más quiero? ¿El mundo en una bandeja? [Sobre esto último, ya estoy en ello]. Hay muchas razones para evitar juntarme con una chica como ésta. Fuma como un carretero (detesto a los fumadores por regla general), es rubia (me gustan más las morenas o las pelirrojas), es un poco más alta que yo (manías que tiene uno)... Y, la más importante: se hace acompañar por un maromo, que más que novio-chico-amigo o lo-que-sea con derecho a roce, parece su guardaespaldas. ¡Si hasta lleva gafas de sol en plena noche! Por todos estos motivos mencionados, creo que existen razones de peso para echar a correr y alejarme de ella lo antes posible.

Como soy estúpido, opto por el camino del medio. Me presento y me declaro. ¡Directo al grano! Además, si me rechaza alego una borrachera de campeonato y huyo del lugar con el rabo entre las piernas. Ella me mira sorprendida y ríe. Una risa franca y refrescante, de esas que uno nunca olvida. Se presenta y me pregunta cómo ha sido capaz de causarme tamaña impresión sin ni siquiera conocernos.

Y, de esta forma, iniciamos una conversación intrascendente en un lugar como éste. Sus ojos azules ya me han hechizado y no encuentro razones para plantar a este milagro de la naturaleza e irme a casa a perder el tiempo delante del ordenador. En las dos horas siguientes, me aclara de pasada que el tipo de las gafas de sol es sólo un amigo que pasaba por ahí casualmente. ¡Vale, de acuerdo! Río, ella ríe... Reímos y pasa el tiempo. Seguimos conversando. Parece que la noche se me está dando bien. Parece mentira.

Las horas caen una detrás de otra. Ya es otro día, ya es mañana. El amanecer, cercano ya, invita a recogerse a los cuarteles de invierno. Ambos lo sabemos. Hemos recorrido todos los bares habidos y por haber, nos han echado de unos cuantos y hemos terminado en un sitio cómodo en el que poder charlar sin más distracciones que nosotros mismos. La noche aún es joven pero la realidad termina por irrumpir en este mundo perfecto creado por nosotros dos.

Es tarde y no me apetece separarme de ella todavía. Así que, directo, le planteo irnos a algún lugar apartado de las miradas ajenas. Un hotel, el asiento trasero de mi coche o su piso, cualquier de estos lugares mencionados estará bien si ella está conmigo. Como respuesta, obtengo un beso en los labios. Una respuesta bastante más casta de lo esperado.

Salimos a la calle y encaminamos nuestros pasos al hotel más cercano. Aprovechamos cualquier pausa para morrearnos. Cuando apenas faltan unos pocos metros para llegar, el mundo se torna oscuridad y todo empieza a olerme a sangre. Antes de tocar el suelo, ya he perdido la consciencia. Y, un mes después, despierto en la cama de un hospital. Historial del paciente [o sea, yo]: traumatismo craneal, una puñalada poco profunda en el abdomen, heridas superficiales en cara, cuello y brazos, y pérdida masiva de sangre. Casi la palmo.

Y, entonces, pregunto a quien pueda responder: ¿qué me pasó, dónde está la chica que me acompañaba y cuándo podré largarme de aquí? Un tipo que pasaba por ahí responde lo siguiente: al parecer, un atracador te atacó y te robó la poca pasta que llevabas encima, te encontraron solo, te largarás de aquí cuando los médicos quieran.


Así las cosas me dejo llevar. Unas semanas después, me dan el alta. Me recupero sin problemas en la comodidad del hogar. Los análisis de sangre no detectan ninguna infección ni enfermedad de transmisión sexual. Estoy contento y feliz de seguir con vida, pero no dejo de pensar en la rubia. Mira que dejarme allí tirado... Estoy deseando encontrármela de nuevo para preguntarle qué pasó aquella mañana y terminar lo que empezamos. [Nota a mí mismo: deja de pensar en guarradas].

Cuatro meses después del incidente, decido volver al lugar de los hechos. Acudo al hotel. Bueno, en realidad no llegamos a entrar. ¡Una lástima! A estas alturas, ya no queda ni rastro del charco de sangre y demás sustancias corporales. Siento el repentino impulso de bailar sobre el lugar, lo reprimo asqueado y encamino mis pasos hacia todos los lugares que visité con ella aquella noche. Pregunto a todos los camareros por la rubia [creo que prefiero seguir llamándola así por ahora] y nadie la conoce o nos recuerda. Me rindo. Creo que será mejor volver por la noche. ¡No quiero perder la esperanza de encontrarme de nuevo con ella!

Además, tengo preguntas que hacerle. ¿Qué siente por mí? ¿Por qué me dejó tirado? ¿Fue cómplice del ladrón o huyó para salvar su vida? En el fondo, son cuestiones que me importan muy poco. Quiero volver a verla. Quiero comprobar si lo que todavía siento por ella es real o no. Y, necesito saber si ella siente lo mismo por mí o no. Cuestiones interesantes para la vida de este insignificante ser humano.

Además, tengo otra cosa que preguntarle. Desde aquella noche, no sólo me siento feliz y dichoso de estar vivo. También vengo experimentando ciertas secuelas a raíz del ataque sufrido contra mi persona. Nada grave realmente. Sufro dolores de cabeza bastante frecuentes, fotofobia, y una sed que soy incapaz de saciar. Los dolores los sobrellevo bien con abundantes dosis de calmantes, y lo demás con no salir de día está solucionado. No obstante, la sed es otro cantar. Necesito encontrar a la rubia para preguntarle qué pasó aquella noche. Estoy razonablemente seguro de que los médicos no pueden explicar todo lo que me está sucediendo. Necesito saber.

Además, tengo ganas de besarla, de abrazarla, de sentir el tacto de su piel, quiero volver a escuchar su risa, quiero volver a mirarme en sus ojos azules... y quiero conocer el sabor de su piel. Razones para volver a encontrarnos no me faltan.

domingo, 3 de junio de 2007

Pensamientos en tiempos difíciles

Una llamada telefónica alertó a la policía horas antes de que todo sucediera. Nadie se lo esperaba y nadie concedió el más mínimo crédito a las palabras que el interlocutor gritaba al otro lado del hilo telefónico. No obstante, aquel escepticismo inicial pronto cesó y dio paso al miedo.

Primero, las comunicaciones con el exterior se cortaron misteriosamente. Después, en cuanto las televisiones del mundo ofrecieron las primeras imágenes de las tierras devastadas, las altas instancias reaccionaron y comenzaron a organizar el plan de evacuación. A pesar de los desvelos de aquel interlocutor anónimo por avisar a tiempo a las autoridades, el pánico cundió en las calles. Las gentes corrieron de aquí para allá para refugiarse, huyendo de un peligro innombrable, tratando de salvar la vida.

En medio de todo aquel caos, encontré un libro tirado en el suelo. Me había refugiado en un callejón huyendo de la muchedumbre enloquecida, para tratar de aclarar mis pensamientos y meditar el siguiente paso. En un sucio charco, aquel volumen ajado y descolorido por la humedad llamó mi atención. Se trataba de uno de esos best-sellers en edición de bolsillo. Un título rimbombante, un autor del montón, y una historia trillada contada de la manera más tópica posible. Seguro de ello, lo ojeé hasta que empezó a deshacerse entre mis dedos. Iba a tirarlo a una papelera (absurdo pensamiento donde los haya en un momento como éste), cuando una hoja sobresalió de entre las páginas del libro: una fotografía marcaba el comienzo del último capítulo. El primer párrafo estaba subrayado y decía así:

“Estaba en casa. Aquella tierra extraña me resultó familiar el día que llegué aquí. Iba de paso y terminé encontrando mi hogar perdido. Y, de paso a ella. No podía imaginarme tal suerte para un pobre pecador como yo”.

El resto ya no podía leerse.

Aquel párrafo debió significar mucho para alguien. Es probable que ese libro de bolsillo fuese su posesión más preciada. Perdí el hilo de mis pensamientos al escuchar una nueva explosión a pocos kilómetros de donde me encontraba. Sentí nuevamente ese miedo y esa ansiedad. Las ganas de salvar el pellejo a toda costa. Todo mi mundo había saltado en pedazos hacía unos pocos minutos. Debía salvar la vida, pero en el fondo sabía que lo tendría muy difícil. Igual que toda aquella masa cobarde que huía a pie con lo puesto.

La humedad rezumando de mis manos, me hizo volver al callejón. El libro era irrecuperable puesto que el agua había borrado gran parte de su contenido y estropeado el resto (el párrafo subrayado se salvó gracias a la foto). Si sobrevivo a esto, pensé, encontraré un ejemplar y lo leeré. Será como una especie de terapia.

Saqué la fotografía y arrojé aquella masa de papel, cartón y agua a la papelera. Después de todo, debemos salvar el planeta. La foto no era nada del otro mundo: un hombre y una mujer abrazados delante de lo que parecía ser una especie de castillo situado cerca de una playa. Ambos parecían felices y el sol iluminaba la escena con sus cálidos rayos. No parecía que nada pudiera separarlos. Al dorso, escrito a mano: " Yoko y yo en Garachico (19-9-2007)".

Este bonito recuerdo y el libro que lo contenía habían terminado en un charco, en un callejón oscuro e ignoto. Se acercan tiempos difíciles y los objetos materiales son un lastre. Sin embargo, deshacerse de un bonito recuerdo de esta manera me pareció de muy mal gusto. Decidí guardarme la fotografía en el bolsillo y salir de allí pitando. Debía encontrar un atajo y un medio de transporte para alejarme de la zona rápidamente. Además, algo en aquella imagen me resultaba tremendamente familiar. Aunque no sabía qué exactamente, decidí que quería sobrevivir para tener tiempo de averiguarlo.

domingo, 27 de mayo de 2007

Nuevo equipo

Algún día tenía que pasar. Te compras un ordenador y durante tres años se convierte en poco más que una parte más de tu cuerpo. Te peleas con él, conoces tanto sus virtudes como sus defectos. Y, un día, decide abandonarte.

No te lo esperas. Acudes al taller con la esperanza de que puedan detectar y solucionar el problema. Esperas. Aguardas el diagnóstico. Y, cuando te cuentan que deben enviarlo al servicio técnico, el tiempo se detiene un instante. ¿Qué hacer? ¿Mandarlo al desguace para su reciclado o intentar salvarlo? Optas por lo segundo, aunque ello suponga perder un mes.

No obstante, la vida sigue. Y, ya no puedes volver a tu vida de antes. Caminas desorientado, sin un rumbo claro hasta que ves la solución a tus problemas: decides que ha llegado el momento de adquirir otro ordenador. Revisas precios, especificaciones técnicas, marcas y eliges. Y, cuando llega a tus manos, todo vuelve a empezar. Las luchas por aprender a manejarte con él, retarlo para ver hasta dónde es capaz de llegar, y más... mucho más.

Y, en eso he estado trabajando los últimos días. El nuevo equipo, bien gracias. El, por desgracia, nuevo sistema operativo, horrible. Cuánto tiempo desperdiciado, y cuántos proyectos retrasados. Pero ya he vuelto.

domingo, 13 de mayo de 2007

Haciendo limpieza

Ahora que empieza el buen tiempo (entendido este concepto como altas presiones y estabilidad atmosférica), decidí limpiar el coche. Para mi vergüenza, llevaba más de 12 meses sin lavarlo. Podéis imaginar lo sucio que estaba, y menos mal que duerme en garaje. De lo contrario...

El agua y el jabón me recordaron al Club de la Lucha. Gran película, buen libro... ¿o es al revés? Precisamente, un buen amigo le ha dedicado un post hace bien poco.

En fin, que me desvío. Después de desechar una vez más la idea de fundar un club de ese tipo (demasiada anarquía para mi gusto), ocupé mis pensamientos en viejos proyectos inacabados y en otros que dejé estar, simplemente. Surgen cosas nuevas, o vuelven viejas historias no resueltas. No obstante, tarde o temprano, una fina capa de polvo termina depositándose sobre ellas. Ocurre si tienes demasiadas cosas en qué pensar. Ya se sabe: quien mucho abarca, poco aprieta.

Es inevitable, sí. Así que, mejor mantenerse activos para evitar oxidarse o echarse a perder. En "Tira a mamá del tren", el personaje encarnado por Billy Crystal impartía clases de literatura. Enseñaba a escribir, a contar historias. Según él, un escritor siempre escribe.

Pues eso: ¡escribe, escribe, escribe!

lunes, 30 de abril de 2007

El valor pedagógico de una imagen desenfocada (versión definitiva)

Uno se hace muchas preguntas acerca del mundo en el que vive. Es una forma como otra cualquiera de aprender. Interrogarnos sobre lo que vemos, oímos o sentimos nos permite avanzar. Es una cualidad presente en nuestra especie desde siempre. Así, hace unos pocos cientos de años, Platón se percató de que no siempre lo que vemos es estrictamente verdadero (el mito de la caverna). Con Kant, descubrimos que sólo somos capaces de percibir el mundo. Es decir: nuestra anatomía y nuestras experiencias vitales condicionan nuestra manera de ver del mundo. Desde entonces, nos hemos esforzado para saber cómo es realmente el universo donde vivimos.

Entre las muchas herramientas que el ser humano ha fabricado, el telescopio es una de las más importantes. Con él, podemos ver más lejos. Y, no sólo eso: al observar el cielo mediante este instrumento, realizamos un viaje en el tiempo puesto que vemos los objetos como fueron, no como son. Con el paso de los siglos, mejoramos los telescopios e inventamos otros instrumentos para estudiar en otras longitudes de onda del espectro electromagnético. De esta forma, empezamos a ver lo que se nos escapaba a la par que progresaba adecuadamente la construcción de telescopios más grandes y poderosos en emplazamientos más idóneos para el estudio de los cielos. Hasta llegar al día de hoy, en el que baterías de telescopios en tierra y en el espacio interrogan al viejo universo para obtener respuestas.


Imágenes desenfocadas

Excepto el Sol, las estrellas están tan lejos de nosotros que, por mucho que incrementemos el diámetro de nuestros telescopios, jamás las veremos como algo más que puntitos en la oscuridad de la noche.

Hace muchos años que comencé a interesarme por la astronomía. El cielo está lleno de objetos atractivos: nebulosas, planetas, estrellas dobles, galaxias… Pero, no nos engañemos: las coloristas fotografías que todos hemos visto alguna vez y que inundan los libros de texto y muchas páginas web son fruto de un arduo trabajo posterior. Una imagen de Saturno o de una galaxia lejana, por ejemplo, habrá sido tratada mediante alguna herramienta informática para resaltar los colores y aumentar el contraste. Pero no siempre es así: ver ciertos detalles de la atmósfera de Júpiter sólo es cuestión de práctica. No obstante, para deleitarse con los cráteres de la luna o los anillos de Saturno, no es necesario tener experiencia alguna.

Empecé en esto de niño. Me quedaba embobado mirando las estrellas o cualquier documental relacionado con este mundillo. Con los años, conocí a mucha gente con las mismas inquietudes que yo. Y, entre todas ellas, me topé con un profesor. En la actualidad está jubilado, pero continúa siendo conocido en mi ciudad por su encomiable labor como divulgador de la astronomía entre estudiantes y adultos. A lo largo de estos últimos años, ha recibido varios homenajes y premios por su trayectoria.

Hace ya más de 20 años que consiguió fundar un observatorio astronómico escolar. Como material de apoyo, reunió varios planetarios de sobremesa, maquetas transparentes de telescopios, básculas para conocer tu peso en otros mundos, un planetario, diapositivas, libros, revistas, etc…

Solía recibir visitas concertadas de estudiantes y adultos. Las sesiones diurnas, incluían charla explicativa, sesión de planetario y una observación del sol. Después de resolver las dudas de los presentes, la visita se daba por concluida. Los que asistían de noche, disfrutaban de un programa un tanto diferente. Tras la visita de rigor por el planetario y demás parafernalia, se subía al observatorio. Les explicaba cómo mover la cúpula (había que girarla manualmente, puesto que carecía de motores), algunas cuestiones relativas a la óptica del telescopio y sobre los objetos que iban a observar a continuación. Y, al término de las explicaciones, las palabras cesaban. El profesor atenuaba poco a poco las luces del observatorio hasta que las tinieblas se adueñaban del recinto por completo. De esta manera, creaba el ambiente adecuado y facilitaba a los presentes la adecuada adaptación a la oscuridad.

El primer plato, la Luna. Siempre mejor en cuarto creciente o en menguante, nunca en fase de Luna llena. Apuntaba el telescopio, centraba el objeto, enfocaba y, antes de permitir observar a los estudiantes, comprobaba si sus profesores la veían bien o mal. Sólo cuando todos ellos la observaban más o menos nítida, permitía a los chavales mirar a través del telescopio. De esta manera, se aseguraba un enfoque más o menos óptimo para todos, aunque más de uno mirase la Luna sin verla realmente bien. Después, tocaba Júpiter o Saturno. Con estos planetas, aplicaba el mismo procedimiento. A continuación y para finalizar la visita, solía apuntar el telescopio hacia la estrella más brillante del cielo nocturno en ese momento y procedía a desenfocarla ligeramente a propósito para que a los ojos de los observadores neófitos se viera “más espectacular”. De esta manera, tenían la falsa impresión de ver rayos saliendo del ilusorio disco estelar. Reconozco que la gente quedaba impresionada. Y, por supuesto, nadie se daba cuenta de nada.


La importancia del enfoque

¿Para qué sirve el enfoque? Sirve para ver nítido un objeto a través de un instrumento óptico, ya sea un telescopio, unos prismáticos o una cámara fotográfica. Precisamente, de un enfoque incorrecto deriva una imagen borrosa.

Con un telescopio, nuestros ojos hacen las veces de película fotográfica: tienes que enfocar para ver bien. Pero todos los ojos no son iguales. Para A, un observador sin afecciones oftalmológicas, una imagen puede estar nítida. Pero B, que padece miopía, no verá nítido el objeto que A ve correctamente. Y, por tanto, necesitará para observarlo enfocado, retocar la imagen con el mecanismo de enfoque del telescopio. No parece tan difícil de explicar, ¿no? Sin embargo, para este profesor tal cuestión debía de constituir por sí sola una misión imposible. O, eso, o le podían las prisas y la impaciencia.

En opinión del que esto escribe, enseñar a enfocar es importante. Tenemos que explicar el funcionamiento del mecanismo de enfoque del telescopio. De lo contrario, será como ponerle delante de un televisor: verá las imágenes y pasará de una a otra sin más. Al enfocar, le obligamos a detenerse a pensar, a buscar, a sintonizar mejor la imagen para una correcta recepción. Sólo así le sacará partido a la observación. El enfoque por “término medio” que emplea este profesor no es, en modo alguno, una solución satisfactoria para todos. Puede ser efectiva si no te preocupa demasiado la experiencia que estés proporcionando a todos los visitantes. Además, empleando este “método” se discrimina a los observadores que padezcan algún problema de visión.

Tal vez, enviar la imagen recogida por el telescopio a un monitor de televisión o a una pantalla de proyección sea una buena alternativa aunque ésta supusiese privar al visitante de la experiencia de observar de primera mano, sin más intermediarios que el telescopio.


Desenfocando estrellas

Podríamos hacer la vista gorda (valga la expresión) por el empleo de este particular sistema de enfoque para todos. No obstante, lo que no debemos pasar por alto son sus famosas estrellas desenfocadas a propósito.

Para empezar, ¿sirve para algo observar visualmente estrellas con el telescopio? Cualquiera que lleve un tiempo en este mundillo dirá que una estrella, aunque emplees el telescopio más grande, seguirá siendo un puntito en la oscuridad de la noche. Por más que la miremos, seguirá siendo un objeto anodino, salvo que utilices técnicas indirectas al alcance únicamente de las grandes instalaciones profesionales.

Poner el cielo al alcance de cualquier curioso o de las futuras generaciones es, sin duda, una actividad loable. Cientos de asociaciones y multitud de instituciones enseñan cada día lo que sucede ahí arriba. Mostrando verdades más allá de creencias y supercherías. Por esta razón, sigo sin comprender por qué un profesor se desliga de la noble obra para mostrar estrellas desenfocadas a propósito. Sin duda, el efecto es notable. Pero es, sobre todo, falso e irreal.

Con esa estrategia busca llamar la atención. El impacto de lo espectacular. Como el timador que emplea trucos de manos para atraer al incauto a sus redes. Podría prescindir de ellos si, por ejemplo, eligiera mostrarles alguna estrella doble o, quizá, una nebulosa llamativa. Pero él diría: “¡Buena idea! ¡Ah, qué lástima! Tendría que explicarles que esos colores tan bonitos y esas formas asombrosas sólo se registran en las fotografías. Sería romper la ilusión”.

Con esta artimaña, este profesor se hizo con un nombre en el mundillo. Manipulaba hábilmente a los visitantes para hacerles creer que vivían una experiencia astronómica real traicionando los valores que, como profesor, debió defender. Cuando colaboraba con él, traté de hacerle ver lo erróneo de su conducta, que desenfocar estrellas no es el camino. Cuando me tocaba atender a algún grupo de neófitos, antes de comenzar la observación, les mostraba el mecanismo de enfoque del telescopio y su funcionamiento. De esta forma, les aseguraba una experiencia más gratificante.

Si alguno de los presentes me pedía ver alguna estrella brillante con el telescopio, me negaba lo más educadamente posible aduciendo que no verían nada espectacular. Más tarde, el viejo profesor se reunía con el grupo, y siempre había alguien que pedía de nuevo lo mismo. Entonces, él les concedía su deseo.

Con ademanes de salvador tomaba el control del telescopio. Todo terminaba con alguna estrella desenfocada haciendo las delicias de los presentes… y, yo con cara de póquer. Sólo podía quedarme ahí, apartado y derrotado, escuchando las voces de los asombrados visitantes ante lo que habían visto sus ojos. Le daban las gracias al profesor y regresaban a sus casas tan contentos. Lástima que gracias a este profesional de la enseñanza, la experiencia vivida fuese tan irreal como mirar el mundo a través de unas gafas mal graduadas o como contemplar las sombras dentro de la caverna.

Versiones previas de este texto, aquí, aquí y aquí .

Breve ausencia

Pensé que sería diferente, que el proceso se dilataría semanas, y que tardaría un tiempo largo en regresar por estas frías tierras. Mas, no es así y ya estoy de vuelta.

Regresé.
La incidencia, parcheada satisfactoriamente... que no es poco. Ahora, seguiré adelante con mis planes.

El frío me invade y, paradójicamente, el caos apacigua mi mente inquieta.

¡Gracias por todo!

domingo, 22 de abril de 2007

Dos años

En poco más de una semana, el 30 de abril para ser exactos, esta bitácora cumplirá 2 años de vida. En este tiempo, con mayor o menor fortuna, he dado rienda suelta a mi dudoso talento literario y he aprendido muchas cosas sobre la vida y las mujeres, he conocido a mucha gente y he sufrido decepciones. La vida es un continuo aprendizaje. Es así, y no tiene remedio. Mientras no funde mi propio club de lucha, todo irá bien.

Es posible que, durante un tiempo indeterminado, deje un tanto abandonado este frío y caótico lugar. No es nada grave, no es un problema de salud ni mucho menos. Tampoco creo que mi ausencia se dilate en exceso.

Necesito desconectar un tiempo... Aprovecharé esas semanas para darle un respiro a mi herramienta de trabajo. Acudiré al servicio técnico y, más pronto que tarde, volveré presto y dispuesto a continuar sembrando este gélido espacio de caóticas líneas de texto.

Ya ves que la razón de mi futura ausencia es una bagatela.


En fin.... ¡Gracias por seguir ahí!

lunes, 16 de abril de 2007

Con mal pie

Al despertar, te juro que pensé que iba a ser un buen día. Abro las ventanas y llueve. Ver la lluvia caer me deprime sobremanera y, por un momento, pensé en llamar al trabajo para avisar de que no iría. No lo hice porque soy un puto adicto al trabajo. Por eso y porque necesito el dinero para pagar mis vicios y necesidades.

Me duché, me vestí, desayuné y salí a la calle a ver qué tal se portaba el día conmigo. Por suerte, vivo a escasos 10 minutos de la oficina. Cuando ya veía cercano mi edificio, piso la inevitable baldosa hueca. Me mojé todo la pernera del pantalón. Maldije unas mil veces al tío que no hizo bien su trabajo y me cagué en el alcalde y en todos sus concejales.

Con esto, te puedes hacer una idea del cabreo que llevaba. ¡Y no eran ni las 9 de la mañana! Me paro en el paso de cebra y rumio mi cólera en silencio. En esas estaba cuando reparo en la presencia de un tío con bastón. Cincuenta y tantos, buena presencia, calvo y entrañable. Se parecía a mi abuelo. Y, además, sufría algún tipo de discapacidad visual. Un ciego, vamos. ¡Esto de ser políticamente correcto no veas cómo me jode! También observé que la alarma sonora para ciegos seguía sin ser reparada. Esta circunstancia, la jaqueca, la humedad del pantalón y un nuevo chaparrón procedente de la enésima nube perdida terminaron por sacarme de mis casillas.

Debía reducir la presión, o lo que es lo mismo, alguien debía pagar por mi enfado. Decidí que ese alguien sería el ciego. Y, por si no te lo había dicho antes, lucía orgulloso sus cupones y la máquina con la que autentificaba los mismos en caso de premio. En otras circunstancias, admiraría su capacidad de adaptación. En otros tiempos, hubiera sido arrinconado... puede que incluso abandonado a su suerte.

Pero hoy es hoy. Y, alguien debe pagar por mi pernera, por el chaparrón y por mi dolor de cabeza. En esas estaba cuando reparé que hizo ademán de intentar cruzar la carretera. Se detuvo justo a tiempo de evitar que un turismo se lo llevase por delante. ¡Esta es la mía! Digamos que le ayudo a cruzar y lo dejo abandonado a su suerte en medio de la calzada y entonces... ¡zas! un coche se lo lleva por delante.

Pronto me di cuenta de que no sería la mejor solución, puesto que habría testigos y mi acción no quedaría impune. Se me ocurrió que la opción más adecuada sería sugerir el momento más adecuado para cruzar. Le diría: "eh, ¡ya está en verde! Adelante, ya podemos cruzar". El tío, crédulo, cruzaría sin dudarlo y un vehículo pesado lo dejaría hecho papilla. De esta manera, podría olvidar mi mal humor y volvería a ser persona.

Ahora que ya lo tenía todo calculado podía poner en marcha mi plan. Le susurraría que ya puede pasar y ¡listo! Otro tío pagaría los platos rotos. Pero, como siempre afirmo, creo que nací en este mundo con la suerte dándome la espalda. No soy de los que consigue lo que quiere fácilmente. Así que podrás imaginarte que cuando quise intentarlo, el ciego ya había cruzado la calle y se encontraba a salvo de mí. En su lugar una escultural morenaza. Puedes imaginarte la cara que se le quedó cuando me escuchó susurrarle que podía cruzar sin miedo justo cuando un camión de gran tonelaje pasaba delante nuestro. Me gané una hostia bien dada... Eso terminó por relajarme, te lo puedo asegurar.

martes, 3 de abril de 2007

Inversiones temporales

Pierdes el tiempo analizando las ocasiones perdidas. Lo peor de todo es que no tienes nada mejor que hacer con el tiempo que se te ha dado. Bueno, se me ocurren unas cuantas cosas. Aunque estoy seguro de que terminarías desperdiciándolas por miedo a equivocarte, a ser rechazado, o peor aún, a que te quieran.

domingo, 4 de marzo de 2007

Hemos regresado

Nada dura eternamente, y menos aún, unas vacaciones.

¡Qué pena!


Por ahora, os dejo este regalito:

La Tarta

Ya nos veremos.

martes, 27 de febrero de 2007

¡Vacaciones!

¡Hola!

Después de mucho esperar, por fin estoy de vacaciones. Días de asueto en los que no pegar ni golpe, descansar, trastear, ser travieso y dejarme querer.

Estos días, y sólo lo comento con la sana intención de provocar envidias en el respetable, me encuentro en tierras tinerfeñas. Mucho sol, 20º, y un mar inmenso azul.

En fin... sólo eso. ¡A más ver!

viernes, 16 de febrero de 2007

Laceración

Años hace que hollé este mundo por primera vez y continúo asombrándome con las más absurdas cuestiones que este autodenominado ser humano es capaz de hacer. Acciones de lo más abyectas pueblan el bestiario de nuestra especie.

Supongo que la pesadumbre y la melancolía han hecho presa en mí. No veo nada nuevo y excitante bajo el sol. Debería marcharme, abandonar esta tierra.

Gritar: "¡adiós!". O, tal vez, un "¡os quiero a pesar de todo!".
Desaparecer y desentenderme del curso de la vida.

Pero prefiero quedarme unos años más. Porque estoy deseando ver por mí mismo el día en que toquemos fondo. Será memorable y difícil de olvidar.


Esa perspectiva nada positiva me consuela por las noches. A falta de calor humano, con esto me conformo.

domingo, 11 de febrero de 2007

Apaga esas luces

El pasado 1 de febrero, entre las 19:55 y las 20:00, ciudadanos de multitud de países apagaron algunas luces como protesta ante el futuro cambio climático. Una iniciativa muy bonita, sin duda. Aunque no sirviese de mucho. Porque, ¿qué importa apagar las luces de nuestros hogares si en las calles el alumbrado público continúa despilfarrando luz?

En las fotografías que ilustraban la iniciativa, los monumentos sin alumbrado ornamental se perfilaban en la "oscuridad" gracias a la contaminación lumínica. El consumo eléctrico durante el apagón apenas bajó un 2%. Nuestras instituciones se apresuraron a comunicar a la prensa que apagarían las luces de algunos monumentos. Y, uno no puedo evitar preguntarse por qué no hacen eso mismo todas las noches. ¿Qué sentido tiene mantener iluminados los monumentos de madrugada, cuando nadie acude a visitarlos?

La respuesta es evidente: porque con esas luces, todo queda muy bonito. Este mismo razonamiento explica la tendencia de los últimos 20 años de sobre-iluminar nuestras calles e instalar alumbrado ornamental a toda aquella construcción que se ponga a tiro. Todo con tal de contentar a los votantes.

Es aquí y ahora donde debemos gritar ¡basta! Hay que hacer saber a nuestros representantes que esas luces bonitas no sirven para nada. Ha llegado el momento de educar al ciudadano, de explicarle que no tiene sentido bañar de luz las calles, que la oscuridad es necesaria para el medio ambiente y nuestra propia salud.

Cierto que hay problemas más acuciantes (terrorismo, acceso a la vivienda, pobreza, hambre, Sida...), pero el de la contaminación lumínica podemos solucionarlo a corto plazo. Sólo falta que las instituciones se pongan a ello como es debido invirtiendo dinero en alumbrado eficiente que no envíe luz hacia arriba (FHS 0%).

Reducir la contaminación lumínica es un pequeño paso para evitar el cambio climático y, cuanto antes empecemos, mejor.

Más información: Por la boca muere el pez y Cel Fosc.

lunes, 29 de enero de 2007

Te reto

¿Agotado? ¡¿Tan pronto?! Esto no ha hecho más que empezar y ya estás sin aliento. Esperaba algo más de ti, y ni tan siquiera eres capaz de terminar lo que empezaste. Deduzco que te rindes. Pues... ¡ahí te quedas!

martes, 23 de enero de 2007

Algunos cambios

De vez en cuando es bueno renovarse para tomar aire y continuar hacia adelante. En las últimas semanas, he procedido a mudar El Caos a la anteriormente conocida como versión Beta de Blogger. También aproveché para actualizar la plantilla. En realidad es la misma, pero con algunos añadidos.

El último cambio ha sido abrir una cuenta en Feedburner para la sindicación de contenidos. De esta manera, habrá más de una forma de suscribirse a esta bitácora. Así cada cual podrá elegir la que más le convenga o le plazca.

No hay mucho más que contar. La llegada del invierno y sus lluvias me han congelado el cerebro. A pesar de todos estos inconvenientes (nieve, lluvia, y mucho frío), bienvenido sea.

¡Nos leemos!

domingo, 21 de enero de 2007

Cielos anaranjados

Ya no recuerdo la última vez que disfrute de la visión de un cielo estrellado en condiciones. Desde las ciudades, apenas unas pocas estrellas consiguen vencer al resplandor naranja. Así las cosas, mirar al cielo ha perdido gran parte de su atractivo. Es más, las nuevas generaciones ni saben cómo es realmente el firmamento estrellado. Nos hemos esforzado tanto en borrar la natural oscuridad de la noche que parece imposible deshacer lo andado.

El causante de todo esto, la contaminación lumínica. Ésta se produce cuando la luz dirigida hacia arriba se refleja en la atmósfera. La pregunta del millón: ¿hay que sacrificar los cielos para alumbrar nuestras calles? La respuesta es un NO rotundo. Se alumbra mal, y esto es lo debe ser resuelto.

Perder las estrellas es un síntoma de un problema mucho más grave de lo que pueda parecer a simple vista. Es la punta del iceberg de un mal que nos afecta desde cuatro puntos de vista:

1.- Supone un despilfarro económico. Por ejemplo, en Cataluña antes de la Ley de Ordenación Ambiental del Alumbrado para la protección del medio nocturno, se malgastaban 2.000 millones de pesetas al año. Con anterioridad a la promulgación de dicha Ley, en Figueras se modificó el alumbrado y se logró un ahorro medio del 44% del consumo energético.

2.- La contaminación lumínica se traduce en emisiones de dióxido de carbono. Generar un 1kW/h de energía con petróleo, supone la emisión de 0'60 kilogramos de dióxido de carbono a la atmósfera. Por tanto, una reducción de la contaminación lumínica y, por tanto, del consumo energético, nos permitirá reducir estas emisiones causantes del efecto invernadero.

3.- El resplandor del alumbrado trastorna la fauna y flora nocturnas. Las luces de nuestras ciudades aleja de sus hábitats naturales a multitud de especies de insectos y a sus depredadores, perturba sus hábitos nocturnos y dificulta los ciclos de vigilia y sueño tanto de la fauna como de la flora...

4.- Molestias graves al ciudadano. Peligrosos deslumbramientos en carretera o luz intrusa procedente de las luminarias entrando en nuestros hogares, por mencionar un par de ejemplos.

Podemos reducir la contaminación lumínica mediante sistemas de alumbrado más eficientes, más eficaces y menos agresivos con el ecosistema nocturno. Nuestra calidad de vida mejoraría, sin duda.

Desde luego, recuperaríamos las estrellas. Las constelaciones y todo lo que se mueve ahí arriba forma parte de nuestro pasado y nuestro bagaje cultural. Y, no es algo de lo que debiéramos desprendernos.

Reflexionando

He perdido algo por el camino. He probado tantas cosas que ya no sé quién soy. Debería recordarlo, pero me he esforzado tanto en ser muchos que ya no recuerdo lo que motivó mi viaje. Quizá debería volver, sí. Eso aclararía las cosas.

lunes, 15 de enero de 2007

Primeros reproches (V)

Fue divertido volver por un tiempo a lo que por muchos años fue mi vida. Al abandonar mis sueños, me hice la promesa de no mirar atrás jamás. No soy de los que jura en vano... y, sin embargo, falté a mi palabra. Retorné a aquel lugar y a mis viejos anhelos de juventud.

Por un tiempo impreciso, volví a ser tan feliz como antaño. Me regodeé en mi ilusión recobrada y, durante lo que me pareció una eternidad, me reencontré a mí mismo entre aquellas cuatro paredes. Los recuerdos volvieron, tanto los buenos como los malos. Y fue entonces cuando, una vez más, la misma pregunta volvió a resonar en mi mente: ¿qué demonios estoy haciendo?

De nuevo lo mismo: miro al pasado y creo que aquellos tiempos pasados fueron mejores sólo porque tú estabas conmigo. La recién reencontrada felicidad se esfuma y recuerdo por qué abandoné esta vida.

No fueron mis dudas, ni mis certezas. Desecha las presiones o los compromisos ajenos.

Si me marché fue por mí mismo. Porque ya no me aportabas nada, y yo a ti tampoco. Fue duro de admitir. Cuando tomé la decisión, me sentí aliviado y bien conmigo mismo. Y, precisamente al recordar aquellas sensaciones, me doy cuenta de algo.

Al abandonar mis juegos de juventud para adentrarme en otros caminos no huía hacia adelante, sino que comenzaba de nuevo sin ti. Ya no te necesitaba y eso, incluso mientras escribo estas líneas, continúa reconfortándome.

Más allá de tus continuas traiciones y mis absurdos olvidos, el saber que ya no te necesito para vivir me permite seguir adelante. Porque sé que no quiero volver a lo que teníamos. Porque no quiero sufrir más. Porque ya no significas nada.

Tú ya no eres nada.