lunes, 29 de enero de 2007

Te reto

¿Agotado? ¡¿Tan pronto?! Esto no ha hecho más que empezar y ya estás sin aliento. Esperaba algo más de ti, y ni tan siquiera eres capaz de terminar lo que empezaste. Deduzco que te rindes. Pues... ¡ahí te quedas!

martes, 23 de enero de 2007

Algunos cambios

De vez en cuando es bueno renovarse para tomar aire y continuar hacia adelante. En las últimas semanas, he procedido a mudar El Caos a la anteriormente conocida como versión Beta de Blogger. También aproveché para actualizar la plantilla. En realidad es la misma, pero con algunos añadidos.

El último cambio ha sido abrir una cuenta en Feedburner para la sindicación de contenidos. De esta manera, habrá más de una forma de suscribirse a esta bitácora. Así cada cual podrá elegir la que más le convenga o le plazca.

No hay mucho más que contar. La llegada del invierno y sus lluvias me han congelado el cerebro. A pesar de todos estos inconvenientes (nieve, lluvia, y mucho frío), bienvenido sea.

¡Nos leemos!

domingo, 21 de enero de 2007

Cielos anaranjados

Ya no recuerdo la última vez que disfrute de la visión de un cielo estrellado en condiciones. Desde las ciudades, apenas unas pocas estrellas consiguen vencer al resplandor naranja. Así las cosas, mirar al cielo ha perdido gran parte de su atractivo. Es más, las nuevas generaciones ni saben cómo es realmente el firmamento estrellado. Nos hemos esforzado tanto en borrar la natural oscuridad de la noche que parece imposible deshacer lo andado.

El causante de todo esto, la contaminación lumínica. Ésta se produce cuando la luz dirigida hacia arriba se refleja en la atmósfera. La pregunta del millón: ¿hay que sacrificar los cielos para alumbrar nuestras calles? La respuesta es un NO rotundo. Se alumbra mal, y esto es lo debe ser resuelto.

Perder las estrellas es un síntoma de un problema mucho más grave de lo que pueda parecer a simple vista. Es la punta del iceberg de un mal que nos afecta desde cuatro puntos de vista:

1.- Supone un despilfarro económico. Por ejemplo, en Cataluña antes de la Ley de Ordenación Ambiental del Alumbrado para la protección del medio nocturno, se malgastaban 2.000 millones de pesetas al año. Con anterioridad a la promulgación de dicha Ley, en Figueras se modificó el alumbrado y se logró un ahorro medio del 44% del consumo energético.

2.- La contaminación lumínica se traduce en emisiones de dióxido de carbono. Generar un 1kW/h de energía con petróleo, supone la emisión de 0'60 kilogramos de dióxido de carbono a la atmósfera. Por tanto, una reducción de la contaminación lumínica y, por tanto, del consumo energético, nos permitirá reducir estas emisiones causantes del efecto invernadero.

3.- El resplandor del alumbrado trastorna la fauna y flora nocturnas. Las luces de nuestras ciudades aleja de sus hábitats naturales a multitud de especies de insectos y a sus depredadores, perturba sus hábitos nocturnos y dificulta los ciclos de vigilia y sueño tanto de la fauna como de la flora...

4.- Molestias graves al ciudadano. Peligrosos deslumbramientos en carretera o luz intrusa procedente de las luminarias entrando en nuestros hogares, por mencionar un par de ejemplos.

Podemos reducir la contaminación lumínica mediante sistemas de alumbrado más eficientes, más eficaces y menos agresivos con el ecosistema nocturno. Nuestra calidad de vida mejoraría, sin duda.

Desde luego, recuperaríamos las estrellas. Las constelaciones y todo lo que se mueve ahí arriba forma parte de nuestro pasado y nuestro bagaje cultural. Y, no es algo de lo que debiéramos desprendernos.

Reflexionando

He perdido algo por el camino. He probado tantas cosas que ya no sé quién soy. Debería recordarlo, pero me he esforzado tanto en ser muchos que ya no recuerdo lo que motivó mi viaje. Quizá debería volver, sí. Eso aclararía las cosas.

lunes, 15 de enero de 2007

Primeros reproches (V)

Fue divertido volver por un tiempo a lo que por muchos años fue mi vida. Al abandonar mis sueños, me hice la promesa de no mirar atrás jamás. No soy de los que jura en vano... y, sin embargo, falté a mi palabra. Retorné a aquel lugar y a mis viejos anhelos de juventud.

Por un tiempo impreciso, volví a ser tan feliz como antaño. Me regodeé en mi ilusión recobrada y, durante lo que me pareció una eternidad, me reencontré a mí mismo entre aquellas cuatro paredes. Los recuerdos volvieron, tanto los buenos como los malos. Y fue entonces cuando, una vez más, la misma pregunta volvió a resonar en mi mente: ¿qué demonios estoy haciendo?

De nuevo lo mismo: miro al pasado y creo que aquellos tiempos pasados fueron mejores sólo porque tú estabas conmigo. La recién reencontrada felicidad se esfuma y recuerdo por qué abandoné esta vida.

No fueron mis dudas, ni mis certezas. Desecha las presiones o los compromisos ajenos.

Si me marché fue por mí mismo. Porque ya no me aportabas nada, y yo a ti tampoco. Fue duro de admitir. Cuando tomé la decisión, me sentí aliviado y bien conmigo mismo. Y, precisamente al recordar aquellas sensaciones, me doy cuenta de algo.

Al abandonar mis juegos de juventud para adentrarme en otros caminos no huía hacia adelante, sino que comenzaba de nuevo sin ti. Ya no te necesitaba y eso, incluso mientras escribo estas líneas, continúa reconfortándome.

Más allá de tus continuas traiciones y mis absurdos olvidos, el saber que ya no te necesito para vivir me permite seguir adelante. Porque sé que no quiero volver a lo que teníamos. Porque no quiero sufrir más. Porque ya no significas nada.

Tú ya no eres nada.