lunes, 15 de enero de 2007

Primeros reproches (V)

Fue divertido volver por un tiempo a lo que por muchos años fue mi vida. Al abandonar mis sueños, me hice la promesa de no mirar atrás jamás. No soy de los que jura en vano... y, sin embargo, falté a mi palabra. Retorné a aquel lugar y a mis viejos anhelos de juventud.

Por un tiempo impreciso, volví a ser tan feliz como antaño. Me regodeé en mi ilusión recobrada y, durante lo que me pareció una eternidad, me reencontré a mí mismo entre aquellas cuatro paredes. Los recuerdos volvieron, tanto los buenos como los malos. Y fue entonces cuando, una vez más, la misma pregunta volvió a resonar en mi mente: ¿qué demonios estoy haciendo?

De nuevo lo mismo: miro al pasado y creo que aquellos tiempos pasados fueron mejores sólo porque tú estabas conmigo. La recién reencontrada felicidad se esfuma y recuerdo por qué abandoné esta vida.

No fueron mis dudas, ni mis certezas. Desecha las presiones o los compromisos ajenos.

Si me marché fue por mí mismo. Porque ya no me aportabas nada, y yo a ti tampoco. Fue duro de admitir. Cuando tomé la decisión, me sentí aliviado y bien conmigo mismo. Y, precisamente al recordar aquellas sensaciones, me doy cuenta de algo.

Al abandonar mis juegos de juventud para adentrarme en otros caminos no huía hacia adelante, sino que comenzaba de nuevo sin ti. Ya no te necesitaba y eso, incluso mientras escribo estas líneas, continúa reconfortándome.

Más allá de tus continuas traiciones y mis absurdos olvidos, el saber que ya no te necesito para vivir me permite seguir adelante. Porque sé que no quiero volver a lo que teníamos. Porque no quiero sufrir más. Porque ya no significas nada.

Tú ya no eres nada.

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