martes, 27 de febrero de 2007

¡Vacaciones!

¡Hola!

Después de mucho esperar, por fin estoy de vacaciones. Días de asueto en los que no pegar ni golpe, descansar, trastear, ser travieso y dejarme querer.

Estos días, y sólo lo comento con la sana intención de provocar envidias en el respetable, me encuentro en tierras tinerfeñas. Mucho sol, 20º, y un mar inmenso azul.

En fin... sólo eso. ¡A más ver!

viernes, 16 de febrero de 2007

Laceración

Años hace que hollé este mundo por primera vez y continúo asombrándome con las más absurdas cuestiones que este autodenominado ser humano es capaz de hacer. Acciones de lo más abyectas pueblan el bestiario de nuestra especie.

Supongo que la pesadumbre y la melancolía han hecho presa en mí. No veo nada nuevo y excitante bajo el sol. Debería marcharme, abandonar esta tierra.

Gritar: "¡adiós!". O, tal vez, un "¡os quiero a pesar de todo!".
Desaparecer y desentenderme del curso de la vida.

Pero prefiero quedarme unos años más. Porque estoy deseando ver por mí mismo el día en que toquemos fondo. Será memorable y difícil de olvidar.


Esa perspectiva nada positiva me consuela por las noches. A falta de calor humano, con esto me conformo.

domingo, 11 de febrero de 2007

Apaga esas luces

El pasado 1 de febrero, entre las 19:55 y las 20:00, ciudadanos de multitud de países apagaron algunas luces como protesta ante el futuro cambio climático. Una iniciativa muy bonita, sin duda. Aunque no sirviese de mucho. Porque, ¿qué importa apagar las luces de nuestros hogares si en las calles el alumbrado público continúa despilfarrando luz?

En las fotografías que ilustraban la iniciativa, los monumentos sin alumbrado ornamental se perfilaban en la "oscuridad" gracias a la contaminación lumínica. El consumo eléctrico durante el apagón apenas bajó un 2%. Nuestras instituciones se apresuraron a comunicar a la prensa que apagarían las luces de algunos monumentos. Y, uno no puedo evitar preguntarse por qué no hacen eso mismo todas las noches. ¿Qué sentido tiene mantener iluminados los monumentos de madrugada, cuando nadie acude a visitarlos?

La respuesta es evidente: porque con esas luces, todo queda muy bonito. Este mismo razonamiento explica la tendencia de los últimos 20 años de sobre-iluminar nuestras calles e instalar alumbrado ornamental a toda aquella construcción que se ponga a tiro. Todo con tal de contentar a los votantes.

Es aquí y ahora donde debemos gritar ¡basta! Hay que hacer saber a nuestros representantes que esas luces bonitas no sirven para nada. Ha llegado el momento de educar al ciudadano, de explicarle que no tiene sentido bañar de luz las calles, que la oscuridad es necesaria para el medio ambiente y nuestra propia salud.

Cierto que hay problemas más acuciantes (terrorismo, acceso a la vivienda, pobreza, hambre, Sida...), pero el de la contaminación lumínica podemos solucionarlo a corto plazo. Sólo falta que las instituciones se pongan a ello como es debido invirtiendo dinero en alumbrado eficiente que no envíe luz hacia arriba (FHS 0%).

Reducir la contaminación lumínica es un pequeño paso para evitar el cambio climático y, cuanto antes empecemos, mejor.

Más información: Por la boca muere el pez y Cel Fosc.