martes, 24 de julio de 2007

¡Ha vuelto!

Últimamente publico entradas con fines puramente promocionales. Y, este post no es una excepción. En este caso, es Tombstone Express el que vuelve. Aquí tenéis la nueva creación de Antonio Jarreta Blasco.
¡Un abrazo!

domingo, 22 de julio de 2007

La ley de Murphy

Mi buen amigo el Capitán Flint dedica un post más que interesante a la Ley de Murphy. Todo lo que siempre quisistéis saber sobre ella y nunca tuvistéis el valor de preguntar. El enlace, aquí .

¡Hasta otra!

sábado, 21 de julio de 2007

Pensamientos en tiempos difíciles (II)

Era una mañana como otra cualquiera. Nadie notó nada raro en él. Actuaba como siempre: feliz, charlatán hasta un punto insoportable y muy trabajador. Pero a mediodía, durante la pausa para el café, recibió un mensaje en el móvil. Estábamos charlando y le sonó. Extraño en él puesto que solía tenerlo siempre en modo silencioso. Al leer el contenido del mismo, se quedó blanco. Todos nos dimos cuenta y le preguntamos si le pasaba algo. Contestó que no, que simplemente acababa de perder una apuesta y por eso se había quedado tan planchado.

No le dimos mayor importancia y lo dejamos estar. El resto del día se comportó como siempre, aunque un tanto más serio y reservado de lo habitual. Al terminar su turno, se despidió de todos nosotros y ya no volvimos a verle.

Al día siguiente, no apareció. El supervisor llamó repetidamente a su casa sin obtener respuesta. Su teléfono móvil, fuera de cobertura. Al principio, pensamos que había sufrido algún accidente de tráfico. Muy pronto esa opción quedó descartada. A la mañana siguiente, se interpuso la denuncia por desaparición. Y, tres años después, seguimos sin noticias de nuestro compañero. Nadie ha vuelto a verle desde entonces.

Unos dicen que le tocó la lotería, que fue secuestrado y asesinado y que su cadáver yace en el fondo de algún pantano. Otros, los más optimistas, opinan que se golpeó la cabeza y anda por ahí amnésico perdido. Yo soy pesimista y estoy seguro de que todo esto fue por aquel mensaje. Perdió una apuesta, eso dijo. ¿De qué tipo? ¿Se jugó todo su dinero y le salió el tiro por la culata? ¿Se juntó con malas compañías? ¡Quién sabe!


La vida continúa sin él. No dejó familia esperándole. Dicen que el que no desea ser encontrado jamás aparece. Espero que, si sigue con vida, cambie de opinión y vuelva a nuestro lado. Seguro que tendrá mucho que contar.

domingo, 1 de julio de 2007

Julio

Un mes cálido para disfrutar del sol y de los cielos despejados. Estrellas, ¡¿para qué os quiero?!

Mucho trabajo. Cambios. Estrés. Dolor. Placeres ocultos.

Y, además, esta fecha en el calendario me trae a la memoria una pregunta: ¿por qué últimamente actualizo el Caos en domingo? Una pregunta inquietante...

¡Gracias por estar ahí!

Razones

En este momento, me encuentro en un lugar de dudosa reputación. No sé cómo he llegado hasta aquí y no quiero saberlo. Debería aprender a evitar a mis amigos. Sin duda, me ahorraría grandes decepciones. Mi máxima preocupación es salir de aquí lo antes posible, ya que mis camaradas me han vuelto a dejar tirado. [Nota para mí mismo: conocer gente nueva, abandonar lo viejo y abrazar nuevas aficiones]. Ya ves, razones no me faltan para cambiar de vida.

A pesar de mi actual situación, reconozco que no estoy precisamente muy motivado. Supongo que tengo otras cosas en la cabeza. O, eso o quizá estoy a punto de perder la cabeza por una chica. Soy estúpido y moriré por ello. Debería haberme mantenido al margen, pero cuando la razón queda anulada por los impulsos no hay nada que hacer. Es simple: ya no estoy seguro de querer salir de aquí porque soy incapaz de mantener mi bragueta bajo control.

Conozco a una tía en un sitio como éste. Ella me gusta a primera vista, y parece que mi presencia no le desagrada. ¿Qué más quiero? ¿El mundo en una bandeja? [Sobre esto último, ya estoy en ello]. Hay muchas razones para evitar juntarme con una chica como ésta. Fuma como un carretero (detesto a los fumadores por regla general), es rubia (me gustan más las morenas o las pelirrojas), es un poco más alta que yo (manías que tiene uno)... Y, la más importante: se hace acompañar por un maromo, que más que novio-chico-amigo o lo-que-sea con derecho a roce, parece su guardaespaldas. ¡Si hasta lleva gafas de sol en plena noche! Por todos estos motivos mencionados, creo que existen razones de peso para echar a correr y alejarme de ella lo antes posible.

Como soy estúpido, opto por el camino del medio. Me presento y me declaro. ¡Directo al grano! Además, si me rechaza alego una borrachera de campeonato y huyo del lugar con el rabo entre las piernas. Ella me mira sorprendida y ríe. Una risa franca y refrescante, de esas que uno nunca olvida. Se presenta y me pregunta cómo ha sido capaz de causarme tamaña impresión sin ni siquiera conocernos.

Y, de esta forma, iniciamos una conversación intrascendente en un lugar como éste. Sus ojos azules ya me han hechizado y no encuentro razones para plantar a este milagro de la naturaleza e irme a casa a perder el tiempo delante del ordenador. En las dos horas siguientes, me aclara de pasada que el tipo de las gafas de sol es sólo un amigo que pasaba por ahí casualmente. ¡Vale, de acuerdo! Río, ella ríe... Reímos y pasa el tiempo. Seguimos conversando. Parece que la noche se me está dando bien. Parece mentira.

Las horas caen una detrás de otra. Ya es otro día, ya es mañana. El amanecer, cercano ya, invita a recogerse a los cuarteles de invierno. Ambos lo sabemos. Hemos recorrido todos los bares habidos y por haber, nos han echado de unos cuantos y hemos terminado en un sitio cómodo en el que poder charlar sin más distracciones que nosotros mismos. La noche aún es joven pero la realidad termina por irrumpir en este mundo perfecto creado por nosotros dos.

Es tarde y no me apetece separarme de ella todavía. Así que, directo, le planteo irnos a algún lugar apartado de las miradas ajenas. Un hotel, el asiento trasero de mi coche o su piso, cualquier de estos lugares mencionados estará bien si ella está conmigo. Como respuesta, obtengo un beso en los labios. Una respuesta bastante más casta de lo esperado.

Salimos a la calle y encaminamos nuestros pasos al hotel más cercano. Aprovechamos cualquier pausa para morrearnos. Cuando apenas faltan unos pocos metros para llegar, el mundo se torna oscuridad y todo empieza a olerme a sangre. Antes de tocar el suelo, ya he perdido la consciencia. Y, un mes después, despierto en la cama de un hospital. Historial del paciente [o sea, yo]: traumatismo craneal, una puñalada poco profunda en el abdomen, heridas superficiales en cara, cuello y brazos, y pérdida masiva de sangre. Casi la palmo.

Y, entonces, pregunto a quien pueda responder: ¿qué me pasó, dónde está la chica que me acompañaba y cuándo podré largarme de aquí? Un tipo que pasaba por ahí responde lo siguiente: al parecer, un atracador te atacó y te robó la poca pasta que llevabas encima, te encontraron solo, te largarás de aquí cuando los médicos quieran.


Así las cosas me dejo llevar. Unas semanas después, me dan el alta. Me recupero sin problemas en la comodidad del hogar. Los análisis de sangre no detectan ninguna infección ni enfermedad de transmisión sexual. Estoy contento y feliz de seguir con vida, pero no dejo de pensar en la rubia. Mira que dejarme allí tirado... Estoy deseando encontrármela de nuevo para preguntarle qué pasó aquella mañana y terminar lo que empezamos. [Nota a mí mismo: deja de pensar en guarradas].

Cuatro meses después del incidente, decido volver al lugar de los hechos. Acudo al hotel. Bueno, en realidad no llegamos a entrar. ¡Una lástima! A estas alturas, ya no queda ni rastro del charco de sangre y demás sustancias corporales. Siento el repentino impulso de bailar sobre el lugar, lo reprimo asqueado y encamino mis pasos hacia todos los lugares que visité con ella aquella noche. Pregunto a todos los camareros por la rubia [creo que prefiero seguir llamándola así por ahora] y nadie la conoce o nos recuerda. Me rindo. Creo que será mejor volver por la noche. ¡No quiero perder la esperanza de encontrarme de nuevo con ella!

Además, tengo preguntas que hacerle. ¿Qué siente por mí? ¿Por qué me dejó tirado? ¿Fue cómplice del ladrón o huyó para salvar su vida? En el fondo, son cuestiones que me importan muy poco. Quiero volver a verla. Quiero comprobar si lo que todavía siento por ella es real o no. Y, necesito saber si ella siente lo mismo por mí o no. Cuestiones interesantes para la vida de este insignificante ser humano.

Además, tengo otra cosa que preguntarle. Desde aquella noche, no sólo me siento feliz y dichoso de estar vivo. También vengo experimentando ciertas secuelas a raíz del ataque sufrido contra mi persona. Nada grave realmente. Sufro dolores de cabeza bastante frecuentes, fotofobia, y una sed que soy incapaz de saciar. Los dolores los sobrellevo bien con abundantes dosis de calmantes, y lo demás con no salir de día está solucionado. No obstante, la sed es otro cantar. Necesito encontrar a la rubia para preguntarle qué pasó aquella noche. Estoy razonablemente seguro de que los médicos no pueden explicar todo lo que me está sucediendo. Necesito saber.

Además, tengo ganas de besarla, de abrazarla, de sentir el tacto de su piel, quiero volver a escuchar su risa, quiero volver a mirarme en sus ojos azules... y quiero conocer el sabor de su piel. Razones para volver a encontrarnos no me faltan.