martes, 26 de febrero de 2008

A cielo abierto (IV)

Una mañana soleada del mes de abril tuvo lugar un hecho incuestionable que cambió nuestra forma de ver el mundo. Una antigua compañía lanzó al mercado un artículo de consumo para las masas. A pesar de la tímida acogida y de las escasas ventas iniciales, hoy en día prescindir de dicho artilugio ocasionaría grandes pérdidas, tanto económicas como sociales.

Aunque no es el momento para entrar en detalles sobre el mismo, sí diré que lo usamos todos a diario, tanto para trabajar como para divertirnos. Nos hemos acostumbrado tanto a usarlo que pensar en otras alternativas hoy en día resulta utópico. A decir verdad, creo que ni siquiera existen en el mercado. Quizá esté dando más pistas de las que quisiera. No importa. Trato de esbozar el escenario en el que nos encontramos en la actualidad proporcionando los detalles justos y necesarios.

Aquella mañana salió a la venta. En los primeros tres meses, apenas se vendieron unos pocos cientos. Pero una inteligente campaña orquestada a través de Internet, inclinó la balanza a favor del nuevo invento. Existían otros aparatos con prestaciones similares, pero éste los barrió a todos. En seis meses, este gadget adquirió la categoría de mito al encontrársele múltiples usos insospechados. Se convirtió en el equivalente tecnológico de la popular navaja suiza. Un año después y en un tiempo récord, las administraciones públicas internacionales lo convirtieron en estándar cuando ya había logrado hacerse un hueco en los bolsillos de todos. Los analistas aseguran que la predisposición del Consorcio a facilitar licencias de fabricación a precios asequibles supuso el espaldarazo definitivo a su producto, así como un mecanismo efectivo para sortear futuras demandas antimonopolio. Esta estrategia fue la clave de su éxito, dicen.

Diez años después, nadie concibe la vida diaria sin este artilugio. Las escuelas de negocio, desde hace relativamente poco tiempo, analizan y debaten con sus alumnos la hoja de ruta diseñada por el Consorcio para lanzar su producto estrella. Suelen centrarse únicamente en esos pocos años, despreciando los casi 75 años de historia del Consorcio.

La que fuera pequeña empresa de componentes electrónicos ha sabido conjugar su apuesta clara por la expansión y el cuidadoso trato dispensado a sus clientes y proveedores. Resulta insólito que fuera una de las primeras cooperativas del país. Es curioso, también, que las decisiones de la cúpula directiva se tomen por mayoría absoluta o que el presidente del consejo de administración y fundador del grupo muriera hace unos 25 años. Significativo, sí. Pero nada raro… a primera vista.

En ese tiempo, el Consorcio se ha convertido en una compañía transnacional. En los últimos meses las cosas no parecen irles demasiado bien. La competencia ha unido fuerzas, graves catástrofes medioambientales han causado pérdidas importantes y no parece que el nuevo consejo de administración tenga muy claro adónde quiere llegar. Se rumorea que el presidente del consejo está abocando la empresa a la ruina para despedazarla en partes más lucrativas. ¿Especulaciones sin fundamento o realidades como puños?

No sé cómo acabará todo esto. Con los años, el Consorcio se ha granjeado muchas enemistades. Al menor signo de debilidad, atacarán con todos sus efectivos. Aguardaremos expectantes los acontecimientos venideros. Las sorpresas a lo largo del camino harán divertida la espera.

4 comentarios:

FabricalDreams dijo...

Si soy sincero, no se que decir sobre el texto...esta bien construido pero no me ha enganchado como los anteriores ^^U

Ikari dijo...

Todo forma parte de un todo... o algo.

Marlo dijo...

A mí me has dejao con el culo torcío... no he entendido na...

Ikari dijo...

Marlo, me conformo con que lo hayas leído hasta el final sin sentir nauseas y tal.