martes, 12 de febrero de 2008

Una mancha en la pared

Hace más o menos dos meses, compré un diminuto cubículo de nueva construcción. Al firmar el contrato, pensé que jamás lo terminaría de pagar. Sin embargo, deseché rápidamente aquel pensamiento y me abandoné a la felicidad puesto que, a partir de ese instante, poseía un lugar donde caerme muerto.

Una semana después, organicé una cena con mis amigos para estrenar el piso. Logramos un ambiente muy curioso con las cajas de cartón a la luz de las velas. Mi primera fiesta en mi casa. ¡Todo un hito en mi corta vida!

Tres semanas después, encontré en una de las paredes de mi habitación una mancha. Aquel día, el primer viernes de julio para ser exactos, tenía que madrugar bastante. Encendí las luces de mi habitación y allí estaba, justo frente a mí, a poco más de un metro de distancia en la pared más grande del único dormitorio del apartamento. En frío, sin el primer café de la mañana, no le di ninguna importancia puesto que apenas sobrepasaba el tamaño de una moneda de 2 euros. Al regresar a casa, ya bien entrada la noche, observé estupefacto que había crecido hasta afectar una superficie del tamaño de mi puño.

Olía mal, como a humedad, negruzca e irregularmente circular. Decidí delimitar los límites de la mancha con un rotulador para comprobar si se expandía o no con el transcurso de las horas. No sería la primera vez que una impresión visual resulta errónea. Cuando desperté al día siguiente, aquella especie de parásito había continuado invadiendo la superficie del tabique. El tamaño de aquella cosa negruzca superaba ya los veinte centímetros de diámetro.

Llamé al seguro del hogar y un perito se presentó un par de horas después. No hizo gran cosa, la verdad. Levantó un acta en la que reflejo la incidencia y su causa más probable: filtraciones de agua procedentes de la terraza, debidas a las intensas lluvias de los últimos días. Al escuchar sus palabras me arrepentí de haber comprado el apartamento en el último piso. En su opinión, el seguro de la comunidad de vecinos debía correr con los gastos de la reparación. Añadió, también, que tuviera paciencia…

Pasó una semana sin que tuviera noticias del seguro. El mes de julio transcurría caluroso y la mancha detuvo su avance. Se me ocurrió esconderla tras un cuadro. Camuflarla me alivió. Empezaba a ver en aquella filtración a un extraño compañero de piso del que es imposible deshacerse. Me fui a dar un paseo y, al volver a casa, las vi: manchas negruzcas del tamaño de mi puño en cada pared de la sala de estar.

No podía creérmelo. Todas las manchas habían aparecido en el centro exacto de cada tabique. Revisé el resto del apartamento y me quedé helado al entrar en mi habitación y ver el cuadro caído en el suelo. En mi ausencia, la mancha se había extendido aún más. Una idea surgió de repente: ¿algún bromista entraba en el apartamento y se dedicaba a enguarrar mis paredes?

Decidí pasar la noche fuera. Llamé a mis colegas y nos fuimos por ahí. No es éste el momento más adecuado para contar nuestras correrías puesto que no le interesan a nadie. Sólo diré que olvidé lo que sucedía en casa en brazos de una amable extraña.

Regresé muy tarde (o muy temprano según se mire). Me fui directamente a la cama. Necesitaba dormir, descansar. Llevaba durmiendo como dos o tres horas cuando un olor nauseabundo me despertó. Encendí las luces y la vi. La que fuera una anodina mancha de humedad había alcanzado el metro y medio de diámetro. Su superficie, un círculo perfecto, era negra como el carbón. Un anillo marrón rodeaba la mancha. Y, ese olor a podrido…

Sin pensármelo dos veces, cogí cuatro cosas, las metí en una bolsa de deporte y me marché de allí, no sin antes horrorizarme al comprobar como las demás manchas también habían alcanzado un aspecto y tamaño similar a la inquilina de mi habitación.

Lo que estoy contando me ocurrió hace bien poco y los sentimientos están a flor de piel. Aquel fue un verano extraño en el que apenas trabajé. Me habría preocupado mucho de haber tenido tiempo para ello.

Unas dos semanas después de abandonar precipitadamente mi cubículo, recibí una llamada del presidente de la comunidad de vecinos. Por lo visto, el seguro se había puesto en contacto con él para realizar un peritaje de lo que sucedía en mi apartamento. Había escuchado rumores y quería verlo con sus propios ojos.

Quedamos para hacer la inspección (así lo llamó) aquella misma tarde. Confieso que no tenía ni ganas de volver, pero ahí estaba. El presidente me esperaba en el portal. Un saludo de cortesía, charla intrascendente en el ascensor y llegar. Abrí la puerta. El olor se había intensificado tanto que ni quisimos pasar dentro. Acto seguido, hizo un par de llamadas y me aseguró que "esto no podía ser" y que "el seguro de la comunidad correrá con los gastos". Palabras, palabras... pensé.

Días después supe que la empresa encargada de la limpieza, desinfección y reparación del desastre se había desecho de todas mis cosas. No me importó ni lo más mínimo. Únicamente deseaba vender el apartamento y marcharme a otro lugar. Una tarde me llamaron para confirmarme que ya podía volver a casa. Sin muchas ganas, regresé al apartamento. Abrí la puerta y la ausencia de olores me recibió con los brazos abiertos. Suelos de madera nuevos y paredes blancas recién pintadas. ¡No podía creérmelo! ¡De vuelta en casa!

En tres días, me volví a instalar. Me traje unos sacos de dormir y material de acampada. Me daba igual no tener muebles, ya habría tiempo de comprarlos. Decidí dormir en la sala de estar. Mi dormitorio me traía demasiados malos recuerdos. Dormí de un tirón casi toda la noche, hasta que una extraña sensación me desveló. En la oscuridad, me sentí extraño. Observado. Encendí la linterna que tenía cerca y apunté el haz de luz hacía donde creía que había alguien.

Entonces lo vi: un enorme ojo en la pared me miraba. Me levanté incrédulo y nervioso. No sé cómo, aquel disco ocular segregaba una especie de lubricante que le permitía deslizarse con libertad y seguirme con su mirada. Corrí hacia el interruptor más cercano y encendí las luces: en todas las paredes del salón los ojos gigantes me miraban.

Salí de allí como alma que lleva el diablo cuando escuché: ¡bienvenido a casa!

No he vuelto a pisar aquel lugar. Casi todos mis amigos, familiares y conocidos que han entrado al apartamento para comprobar mis palabras han vuelto con las manos vacías y me han tachado de loco. Y, aunque mi colega está harto de tenerme en su sofá, no creo que vuelva a vivir solo. Aunque, bien pensado, en aquel apartamento nunca lo estuve.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

querido amigo:
si tu caso lo cogiera Iker Jimenez,el tema de las caras de Belmez seria un todo a cien en comparación al grandioso "carrefu" que se montaria.
Por otro lado me gustaria me facilitaras la dirección de tu medico de cabecera por si se puede hacer algo con el tema de la dosis en la última medicación que estas tomando,(lo digo por experiencia propia).
Con cariño y profundo respeto:
Uno como Tú

Ikari dijo...

Estimado anónimo:

Mi médico de cabecera elogia tu interés por mi salud. Se pondrá en contacto contigo por línea interna en n -1 tras las señales horarias de en punto. Todo para hacer posible un diálogo constructivo sobre los medicamentos y sus efectos secundarios. Además, Friker ya está sobre la pista... ¡Atentos a sus receptores!

Un saludo cariñoso y más respetuoso todavía de otro como tú.

Capitan Flint dijo...

veo que la Dietilamida del acido lisergico corre a espuertas por estas latitudes...

Pero recordad,

la muerte es segura, pelead por lo que os queda de vida...

un amistoso saludo de alguien "normal", como veis, entre comillas..

Ikari dijo...

Gracias por tus amables palabras, capitan flint. Agradecería también alguna opinión respecto al texto en sí... aunque no esté en n -1 será bienvenida.

¡Besos y abrazos, que diría Gasset!

Lobo dijo...

Relato digno de "Más allá del límite". Sin embargo, el climax/final se me quedan un poco descafeinados después del planteamiento.

Ikari dijo...

¿Descafeinado? Explícate mejor, anda...

Lobo dijo...

Un poco más de enjundia, empaque, trama, fuerza. Buen y extenso planteamiento, pero después de crear el ambiente... ¿eso era todo?

Es sólo por tocar un poco los cojoncillos, que ya me gustaría a mí tener algo de imaginación...

Ikari dijo...

¡Gracias, lobo! Todo esto me ayudará a mejorar mis próximos proyectos.

FabricalDreams dijo...

Lo del OpenID para comentarios me tiene frito :S

Lo dicho, la historia me ha gustado, el hecho de que fuera más larga de lo habitual me había ilusionado desde el principio...coincido con lobo, el final se me hace diluido..falta algo más de chicha..o continuar con Una mancha en la pared (II) por ejemplo ;-)

Ikari dijo...

No creo que escriba una continuación. Tenéis razón: el final puede que no esté a la altura, así que tendré que esforzarme más con el próximo. ¡Gracias a todos!