lunes, 24 de noviembre de 2008

Lagunas

En ocasiones, me siento al volante y conduzco. De manera rutinaria, sigo las líneas de la carretera y me pregunto por qué los otros conductores pisan la continua sin miramientos cuando les viene en gana.

Otros pensamientos me vienen a la mente: la lista de la compra, problemas con mi jefe, por qué esa chica no me hace ni puñetero caso... Tonterías en las que ocupar la mente mientras viajo de vuelta a casa o a cualquier otro lugar.

En estos días extraños, uno no siempre duerme todo lo que necesita. Poco importa las sustancias que emplee para paliarlo: tarde o temprano surgen secuelas. En mi caso, en forma de pequeñas lagunas en mi memoria.

Conduzco de regreso a casa y sin saber muy bien cómo estoy un poco más cerca de donde creía estar y no recuerdo cómo he llegado hasta aquí.
También me sucede en casa, sobre todo cuando realizo algún tipo de tarea mecánica y repetitiva. Supongo que esto último abre un interesante y divertido abanico de posibilidades.

Empiezo a preocuparme. Olvido responder a los e-mails y escribir a los viejos amigos, se me traspapelan las promesas y sigo sin dormir lo suficiente. Tarde o temprano, me pasará factura y espero estar consciente cuando pase para dejar de preguntarme cómo he llegado hasta aquí.

1 comentario:

marga dijo...

jajaja, no sabía que mi nivel de estupidez era tan alto despues de leer esto jaja, muy bueno.