viernes, 17 de julio de 2009

Carta de amor

Aquella horrible tarde nos encontramos bajo la lluvia. Años después aún me pregunto cómo pude tener tan mala suerte: me diste placer, amor, dolor, un hijastro, mala suerte, mucho dinero y muchas otras cosas más que he olvidado por culpa de cierto accidente en el que tuviste mucho que ver. En fin, eres lo peor que me ha pasado en la vida... o eso creo.

domingo, 12 de julio de 2009

Triunfos

Nacemos de la oscuridad y tardamos años en salir de ella. Pocas veces alcanzamos la luz por nosotros mismos. Casi siempre, la intervención de otra persona que actúa como catalizador activa todo el proceso. Cuando te llega la hora, comprendes el mundo y ves lo que se oculta tras los bastidores. En esos instantes, compadeces a los perdedores que caminarán a tientas durante toda su vida.

Hasta que me abrieron los ojos, caminaba ajeno al mundo y sus gentes. No creía tener derecho a la vida o a la felicidad. Y, desde luego, no me tenía por una persona de bien (ahora tampoco, pero por motivos bien diferentes).

Una vez que aceptamos que las tinieblas enturbian nuestra visión del mundo, no hay marcha atrás. El proceso nos cambia de arriba a abajo. Al principio somos como bebés aprendiendo a caminar: torpes e inseguros, dando tumbos o gateando, despellejándonos las rodillas con las piedras del camino. Mas, pronto aprendemos a mirar de frente a la vida y a caminar erguidos. Los inicios de esta experiencia suelen pasar completamente desapercibidos. Sin embargo, las consecuencias desencadenadas permiten que alcancemos por fin la confianza en nosotros mismos y en nuestra habilidad para cambiar el mundo.

Esa recién adquirida confianza guiará nuestros pasos de por vida. Puede que de vez en cuando dudemos. La vida y sus golpes inapelables. En esos casos, sólo tendremos que esforzarnos en recordar quiénes somos ahora realmente y quiénes fuimos. Porque en este mundo todos empezamos siendo otra cosa.