viernes, 11 de septiembre de 2009

La Chica Alta y la tormenta

Las altas temperaturas obligan a las chicas altas a pasar toda clase de penalidades. En especial cuando la humedad y las fuertes lluvias imponen su ley y toca resguardarse junto a los lugareños. En circunstancias más ordinarias, nuestra Chica Alta ni siquiera habría salido del hotel ni de su habitación pero se dejó seducir por una de esas excursiones organizadas. Se encontraba admirando un ejemplar de artesanía local cuando las primeras gotas de lluvia le obligaron a pensar en su seguridad.

La Chica Alta no esperaba que, en lugar de un chubasco pasajero, el cielo le otorgara el raro privilegio de contemplar una veraniega lluvia de pedrisco impredecible como ella sola. En esta ocasión, el abundante aparato eléctrico contribuyó a darle chispas al cielo verdoso de aquella tarde de julio.

Al principio, sin duda distraída por el ruidoso y húmedo espectáculo, no reparó en su presencia hasta que lo sorprendió hurgando en su bolso. Pisaba tierra extraña y un ladronzuelo de apenas 10 años osaba a robarle la cartera. El crío logró con cierto esfuerzo extraer lo que al tacto le pareció una billetera bien llena de rico dinero extranjero. Ya huía con el botín cuando un mal rayo le cortó el paso para siempre.

La Chica Alta pasó la siguiente media hora contemplando al niño muerto. Pensó en el sentimiento de pérdida inevitablemente unido a la muerte de un ser querido. Sintió pena por sus familiares y amigos. Esos pensamientos tan lúgubres la mantuvieron ocupada hasta que un granizo del tamaño de un puño reventó el ojo izquierdo del crío. Hizo todo lo posible para reprimir las nauseas sin conseguirlo.

Una hora después, la tormenta abandonaba aquellos pagos tras cobrarse su víctima. La Chica Alta salió de su refugio junto a otros lugareños para acercarse al cuerpo. Pensó que, aunque sonara repugnante, debía recuperar lo que era suyo. Se arrodilló junto al cadáver, le quitó de sus diminutas manos el botín y salió pitando de ahí mientras alguien cubría el cuerpo con una lona destrozada por el pedrisco.

De camino al hotel pensó en lo insensibilizada que estaba ante la muerte. Convivía con ella a diario y no esperaba enfrentarse a ella aquí. La vida y sus irónicas vueltas. Cuando entró en su habitación cogió de su bolso lo que a ojos inexpertos parecería una cartera. "Mira que arriesgar tu vida por eso", se dijo en voz alta mientras desenroscaba la tapa y vaciaba su etílico contenido.

4 comentarios:

FabricalDreams dijo...

Lo de rebentarle el ojo al crío ha sido gore :S
Me gusta que sea más larga que de costumbre, te engancha más o como mínimo, te sacia un pelín más que ya es.

Ikari dijo...

La vida es gore. No conviene olvidarlo, Fabri. Si esta historia te ha enganchado como mínimo, me alegro. Veremos qué tal te sientan las historias venideras.

¡Saludos!

explodingman dijo...

Hago chin chin desde aquí con la larguirucha, aunque no se lo merezca.

Ikari dijo...

La Chica Alta es buena persona en el fondo. Con el tiempo terminaremos conociéndola algo mejor.