jueves, 26 de noviembre de 2009

Auto-retrato

Salgo con los ojos cerrados en toda instantánea que me hagan. Ya sea para el carnet de identidad, con los amigos por ahí, o incluso cuando me cazaron saltándome un semáforo.

Esa jodida fotografía le permitió a Tráfico amargarme la existencia aún más: alguien creyó que conducía dormido y sufrí horrores para demostrar en los juzgados mi extraña discapacidad. Finalmente, logré librarme de las complicaciones subsiguientes. Fue en aquella época cuando consideré seriamente arrancarme los párpados yo mismo para evitarme tanto dolor.

Y, esto sólo puede ir a peor: el mundo se llena de cámaras de vídeo-vigilancia que nos filman sin nuestra autorización por razones de seguridad. Y, ¿qué hay de mí? Por culpa de las paranoias de unos pocos que nos gobiernan como a títeres, voy por el mundo con los ojos cerrados.