miércoles, 17 de febrero de 2010

29-4-2008 El móvil (v.o.)

Por un absurdo deseo de mi jefa, debía estar en cierto lugar muy temprano. Odio madrugar. Me sienta fatal, pero como me gusta más el dinero, me tengo que joder. Soy de los que usan el móvil como despertador. Con levantarme a las seis sería suficiente.

Son las once de la noche. Será mejor que deje el ordenador y me vaya a dormir, que si no luego no rindo con mi jefa. Cierro los ojos y me quedo dormido en menos de cinco minutos.
Suena el despertador. Es hora de levantarse. Paro la alarma y trato de despejarme. Mis ojos no se comportan demasiado bien recién despertado y me cuesta distinguir la hora en el reloj. Poco a poco me voy despejando y leo asombrado: no son las 6 de la mañana, si no la 1:30. Con razón me costaba despejarme.

Compruebo la hora de la alarma del móvil por si acaso y efectivamente, está programado para activarse a las 6. Incógnitas en mi cabeza que no consigue espantar el sueño por completo. Me vuelvo a dormir hasta las 6. Al tajo, que si no la jefa no me da cariños.

Es un día duro: voy de aquí para allá todo el día y al final no cobro mi “plus de cercanía”. Es todo una mierda. Pero hace buen tiempo y cuando se trabaja fuera se agradece. Llego a las 8 a casa. Estoy cansado pero me conecto un rato para charlar con los amigos y centrarme en mis aficiones. Cuando más relajado y a punto de dormirme estoy, suena el móvil. Un compañero se ha puesto repentina y sospechosamente enfermo y de nuevo debo acudir a mi puesto de trabajo a las seis de la mañana. Programo el móvil otra vez para las seis (me aseguro dos veces por si acaso) y me echo a dormir.

La alarma me sobresalta. Me espabilo en unos segundos y me preparo para levantarme de la cama (esfuerzo ímprobo para mí). Tengo aún el móvil en la mano tras haber parado la alarma. Miro la hora y me cabreo: de nuevo la 1:30. Si no fuera porque lo necesito, tiraría el móvil al suelo aunque se despertara el vecino de abajo.

Manda narices. Compruebo la alarma y de nuevo está programada para sonar únicamente a las 6. Me da que pronto voy a jubilar este trasto y me voy a comprar un 3G de esos. A las seis me levanto y voy a currar como está mandado. Recibo mi dosis de cariño clandestino y vuelvo a casa. Siesta al canto. Al despertar, decido irme a comprarme un móvil nuevo. ¡Por qué no iba a hacerlo después de las gracias de estos días!

Llego a la tienda y tras comentarle a la chica las putaditas con la alarma, me enseña unos cuantos modelos acordes con mi presupuesto, mi contrato, mis puntos y las sonrisas que me tira la muy salida. Me decanto por un flamante Sany Anicson Peta1000. Modelo requetechupidivinodelamuerte que funciona con energía solar y tal.

Al día siguiente, no tengo que trabajar. Así que no pongo la alarma ni nada y me voy a dormir. Y, sí. Sucede lo que esperáis: la alarma de mi nuevo móvil me despierta a la una y media de la madrugada. Y, yo me pregunto entre el hartazgo, el enfado y la somnolencia: qué le he hecho a la tecnología para que me haga estas putaditas. Es igual. Cada noche se repite el mismo suceso y ya no sé qué hacer.

A la semana de comenzar todo esto, me despierto a la 1:30 pero esta vez no ha sonado la alarma. ¡Mierda! Ya estoy programado. No puedo evitarlo. Esto es un sinvivir. No obstante, al poco me vuelvo a dormir. Y, sueño con lo que parece un sitio de montaña. El silencio del paraje me relaja y el rumor del correr de las aguas de un río cercano me llama desde lejos. Supongo que debo acudir. No tengo nada mejor que hacer así que voy.

Allí encuentro sobre una roca un libro. Parecía haber sido leído millones de veces. La cubierta de cartón ajada, las páginas amarillas dobladas y redobladas. Como no tenía nada mejor que hacer, lo abro por la primera página. Los agradecimientos, de lo más cursis, me hacen vomitar hasta el desayuno. Después, para quitarme el mal sabor de boca leo el prólogo de semejante novela.

El primer párrafo dice así:

"Una mañana soleada de abril decidí dar un paseo hasta la montaña. Llegué a un riachuelo y me senté en una roca. En aquel instante me di cuenta de que llevaba una vida extraña y que los robots malvados que veía en mis pesadillas de niño dominan el mundo. Creo que ha llegado el momento de huir a otro lugar y pasar de todos. Que les den. No quiero salvar el mundo, ni quiero se famoso, ni millonario. Sólo quiero vivir una existencia pacífica que me devuelva a mis raíces.".

Después de leer esto, no quiero volver a tocar un libro en mi vida. Acto seguido vomito lo poco que me queda en el estómago. Estoy harto. El personaje del libro es igual que yo. ¿Acaso hay robots dominando el mundo y por eso soy como soy? ¿Acaso soy el salvador del mundo?

Pues como no lo creo, sigo soñando. Veo que allá a lo lejos un camino serpentea montaña arriba y decido recorrerlo. Entonces, suena el móvil. Pero suena en el sueño no en el mundo real.

8 comentarios:

Ikari dijo...

Como veréis, el final original no es mucho mejor.

ChusZ dijo...

Pues este es algo más surrealista. Si tengo que elegir, me quedo con el primero que pusiste.

(¡Gracias por ponerlo!).

Ikari dijo...

Lo sabía.

FabricalDreams dijo...

Después de haber leído ambos finales, sigo pensando lo mismo, la historia engancha pero...sabe a poco, falta desarrollarlo en diversos capis y desarrollar esa intriga que bien construyes en tus relatos...

PD: Me quedo con el segundo final :P

Ikari dijo...

Gracias, Fabri. Antes se me daba mejor. No obstante, ¿te quedas con el final de los robots o con el del móvil en sueños?

FabricalDreams dijo...

Me quedo con el final V.O ;-)

el actor secundario dijo...

Me quedo con la versión revisada. Es uno de los que más me ha gustado de tu blog. Se podría hacer un corto con esta historia, o una animación, o un qué sé yo...

Ikari dijo...

Gracias, Fabri. Tomo nota, pero tu afición por los Eva puede que nuble tu buen juicio ;-)

Actor secundario: no tengo inconveniente. Al fin y al cabo, tú eres el experto.

¡Un abrazo, malvados!