lunes, 15 de febrero de 2010

29-4-2008 El móvil

Por un absurdo deseo de mi jefa, debía estar en cierto lugar muy temprano. Odio madrugar. Me sienta fatal, pero como me gusta más el dinero me tengo que joder. Soy de los que usan el móvil como despertador. Con levantarme a las seis sería suficiente.

Son las once de la noche. Será mejor que deje el ordenador y me vaya a dormir, que luego no rindo con mi jefa. Cierro los ojos y me quedo dormido en menos de cinco minutos.

Suena el despertador. Es hora de levantarse. Paro la alarma y trato de despejarme. Mis ojos no se comportan demasiado bien recién despertado y me cuesta distinguir la hora en el reloj. Poco a poco me voy despejando y leo asombrado: no son las 6 de la mañana, si no la 1:30. Con razón me costaba despejarme.

Compruebo la hora de la alarma del móvil por si acaso y efectivamente, está programado para activarse a las 6. Incógnitas en mi cabeza que no consigue espantar el sueño por completo. Me vuelvo a dormir hasta las 6. Al tajo, que si no la jefa no me da cariño.

Es un día duro: voy de aquí para allá todo el día y al final no cobro mi “plus de cercanía”. ¡Vaya mierda! Pero hace buen tiempo y cuando se trabaja fuera se agradece. Llego a casa a las ocho. Estoy cansado pero me conecto un rato para charlar con los amigos y centrarme en mis aficiones. Cuando más relajado y a punto de dormirme estoy, suena el móvil. Un compañero se ha puesto repentina y sospechosamente enfermo y de nuevo debo acudir a mi puesto de trabajo a las seis de la mañana. Programo el móvil otra vez para las seis (me aseguro dos veces por si acaso) y me echo a dormir.

La alarma me sobresalta. Me espabilo en unos segundos y realizo un esfuerzo ímprobo para levantarme de la cama. Tengo aún el móvil en la mano tras haber parado la alarma. Miro la hora y me cabreo: de nuevo la 1:30. Si no fuera porque lo necesito, tiraría el móvil al suelo aunque se despertara el vecino de abajo.

¡Manda narices! Compruebo la alarma y de nuevo está programada para sonar únicamente a las 6. Me da que pronto voy a jubilar este trasto y me voy a comprar un 3G de esos. A las seis me levanto y voy a currar como está mandado. Recibo mi dosis de cariño clandestino y vuelvo a casa después de un duro día de trabajo. Siesta al canto. Al despertar, decido ir a comprarme un móvil nuevo. ¡¿Por qué no iba a hacerlo después de las gracias de estos días?!

Llego a la tienda y tras comentarle a la chica las putaditas con la alarma, me enseña unos cuantos modelos acordes con mi presupuesto, mi contrato, mis puntos y las sonrisas que me tira la muy salida. Me decanto por un flamante Sany Enicson Peta1000 modelo divino-de-la-muerte que funciona con energía solar y todo.

Al día siguiente, no tengo que trabajar. Así que no pongo la alarma ni nada y me voy a dormir. Y, sí. Sucede lo que esperáis: la alarma de mi nuevo móvil me despierta a la una y media de la madrugada.

Y, yo me pregunto entre el hartazgo, el enfado y la somnolencia: qué le he hecho a la tecnología para que me haga estas faenas. Es igual. Cada noche se repite el mismo suceso y ya no sé qué hacer.

A la semana de comenzar todo esto, me despierto a la 1:30 pero esta vez no ha sonado la alarma. ¡Mierda! Ya estoy programado. No puedo evitarlo. Esto es un sinvivir. No obstante, al poco me vuelvo a dormir. Y, sueño con lo que parece un sitio de montaña. El silencio del paraje me relaja y el rumor del correr de las aguas de un río cercano me llama desde lejos. Supongo que debo acudir. No tengo nada mejor que hacer así que voy.

Allí encuentro sobre una roca un libro. Parecía haber sido leído millones de veces. La cubierta de cartón ajada, las páginas amarillas dobladas y redobladas. Como no tenía nada mejor que hacer, lo abro por la primera página. Los agradecimientos son de lo más cursis que he leído nunca. Después, comienzo a leer el prólogo, que dice así:

"Érase que se era un humilde conductor que nació, creció y murió bien entrada la noche. Hubo presagios y campanas que le anunciaron su funesto futuro, pero él jamás hízoles caso."

Y justo cuando iba seguir leyendo me desperté con la jodida alarma del móvil. Para variar sonó justo a la hora que lo había puesto, pero eso no evita que me acojone cada vez que recuerdo esta historia.

4 comentarios:

ChusZ dijo...

Interesante desenlace.

Ikari dijo...

Gracias, ChusZ. Que conste: el final inicial era mucho más surrealista.

Esta historia la tenía guardada desde hace dos años y me había olvidado por completo de ella. La he publicado casi tal cual salvo pequeñas modificaciones y el final, que lo he cambiado para evitar que me apedreen más de lo habitual.

¡Saludos!

ChusZ dijo...

xD
Pues oye, ahora me dejas con la incógnita. ¿Por qué no lo publicas? "29-4-2008 El móvil: versión sin autocensura".

Ikari dijo...

Me lo pensaré durante unas horas y ya veremos.