jueves, 15 de abril de 2010

El cúter

En la vida, casi todos los eventos encajan perfectamente en la categoría "Sorpresas Desagradables": muertes y engaños variados. Pocas veces pasan "Cosas Buenas": amores furtivos e inesperados, salud sostenible y pasta a montones. Incluyo accidentes de todo tipo en la primera clase: desde despeñarse del monte por gilipollas hasta tropezarse con uno de sus pies izquierdos. Viví hace unos días un evento que puedo calificar sin duda como desagradable.

Caminaba feliz por haber podido escapar con vida del trabajo. De vez en cuando, me detenía y escudriñaba la senda recorrida para asegurarme mi recién recobrada libertad. Por el momento, ningún peligro a la vista y ya veía cercano mi coche.

A escasos dos metros del mismo, al tratar de esquivar un insecto de enormes proporciones di con mis huesos contra el asfalto cuando procedía a iniciar la maniobra de acercamiento a mi vehículo de transporte. Debo esforzarme en recordar que los insectos por muy grandes que sean no tienen prioridad de paso en las aceras y que como hombre que soy no puedo hacer-pensar dos cosas a la vez. Menos mal que mi legendaria agilidad, digna de Zapp Brannigan, me evitaron caer de lleno en un charco con inquietantes tropezones.

Por aquella maligna acumulación de agua, supe que había llovido hasta hacía bien poco y la jodida lluvia no bastó para evitar que me dejara en la húmeda grava parte de mis células epiteliales. Y, tuve suerte de no incrustarme el tabique nasal en mi deteriorado cerebro. El insecto huyó de la escena ileso. Más tarde supe que un cuervo lo eligió para cenar. No preguntéis cómo me enteré de esto, por favor. Eso sí: confieso sin disimulos que la noticia me alegró tremendamente.

En un esfuerzo titánico volví a erguirme como pude. Control de daños: ningún ser humano me había visto caer ni había llorado ante la gloriosa escena de verme en pie de nuevo, manos funcionales, piernas más o menos, y mi ropa hecha un cristo. Seguía vivo, no obstante. Mi higiene personal había sufrido un duro revés aunque no habría consecuencias negativas si evitaba que ella me viera de esta guisa. Saqué fuerzas de flaqueza y reduje la distancia que me separaba de mi adorado coche.

Y, entonces la vi. Cuando por fin había logrado volver a sentirme un ser humano hecho, derecho y y erguido vi clavado en la rueda delantera derecha un trozo de cúter. Aquel fragmento de metal afilado me miraba mal y yo lo observaba con profunda irritación. Una vez superada la primera y cortante impresión y tras el oportuno intercambio de insultos y palabras malsonantes dignas de la ocasión, deduje por la posición y profundidad de la puñalada que se trataba de una inserción frontal accidental y no motivada por las iras de otro ser humano. De lo contrario, el neumático habría muerto en el acto. Vamos, que la rueda seguía inflada sana y salva.

Con sumo cuidado extraje el punzante intruso y, mientras lo arrojaba con desprecio por la alcantarilla sita a mis pies, me pregunté qué cenaría al día siguiente. Efectivamente, aún seguía en estado de shock.

3 comentarios:

xhiena dijo...

Muy bueno! me mola tu estilo! :D

xhiena dijo...

Me gusta mucho!! tienes que hacer mas relatos de estos :D

Ikari dijo...

¡Muchas gracias, xhiena! A veces salen, a veces no. Tengo que hacérmelo mirar.