martes, 29 de junio de 2010

Te duele un pie

Conociéndote como te conozco, juraría que ahora mismo estás pensando que el dolor que sufres en tu pie izquierdo es producto de algún tipo de cáncer. ¡Relájate, tío! Hay cosas más importantes que tú. Es más, para que te enteres: no te duele el pie porque estés "incubando" un cáncer. No. Te duele porque llevo muchos años envenenándote. ¿No me crees? Da un par de pasos y verás cómo se te hace pedazos el pie izquierdo y, después, el derecho. Ya no podrás volver a levantarte. Luego toserás, sufrirás algunos espasmos violentos y perderás el control de tus esfínteres justo antes de morir. Ésta es la única manera que he encontrado. Sólo así me libraré de ti. Créeme: este mundo será mucho mejor cuando tú te hayas ido.

martes, 8 de junio de 2010

martes, 1 de junio de 2010

La cripta

De niños, todos hemos oído historias parecidas. No juegues en el cementerio. No te acerques a las viejas tumbas porque los muertos te podrían llevar con ellos. Todos creemos que son leyendas, cuentos que los padres cuentan a sus hijos para que no jueguen en sitios peligrosos.

Sin embargo, esta historia no va de sustos o muertos vivientes aunque sí sucedió en un cementerio. Le ocurrió a un niño que conocí. Era un mentiroso patológico que siempre estaba metido en líos. Los demás niños le daban una paliza detrás de otra día sí y día también. No puedo decir que no se lo mereciera, aunque si de mí hubiera dependido nunca habría recibido ni una sola bofetada.

Corría el mes de junio, último día de clase. Alguien tuvo la ocurrencia de proponer una prueba de valor: colarse en el viejo cementerio en la noche de San Juan y salir con un trozo de lápida o algo parecido. El reto estaba lanzado y aquel chaval mordió el anzuelo ya que sus supuestos amigos y compañeros de clase se habían conchabado para darle un susto de muerte. Pensaron que sería divertido disfrazarse de zombies o algo por el estilo y soltarle un buhhhh para ver cómo corría muerto de miedo.

Aquella noche, la noche más corta del año, uno a uno se colaron en el viejo cementerio y se escondieron. Cuando el chaval se hubo colado, los demás salieron silenciosamente de sus escondites y saltaron de nuevo los muros para reunirse fuera del viejo camposanto. El cabecilla tuvo una epifanía y decidió que lo mejor era dejarlo allí solo en la oscuridad y avisar a los guardias de seguridad para que se lleve su merecido por importunar a los muertos.

Nadie sabe a ciencia cierta qué sucedió a continuación. Sabemos por lo que publicaron los periódicos que los chavales se hartaron de esperar a que pasara algo. No se oyeron gritos, ni ruidos. Los guardias no encontraron nada. Al día siguiente se denunció su desaparición y hasta hoy.

El mentiroso no volvió a salir a la luz. Se dice que se hundió dentro de alguna tumba vieja o que al tratar de entrar en la cripta de los curas se quedó atrapado y no pudo salir. Otros, los entusiastas de las conspiraciones opinan que presenció un evento sobrenatural y que, al verse descubiertos, optaron por llevarse al niño a la quinta dimensión.

Todos se equivocan y sin embargo todos tienen razón. El niño, el mentiroso, fue testigo de un suceso y ahí sigue. Atrapado en alguna parte. Esperando a que alguien descubra las mentiras que lo encierran en algún lugar de aquella tierra de muerte.