La dulzura del momento se esfumó en lo que tardó el portazo en disiparse en el silencio del aire estancado. A pesar del triunfo incuestionable, haberme resistido esta vez a sus cantos de sirena no me producía ninguna alegría. Y sin embargo, esta vez su reacción adversa no consiguió borrarme la sonrisa de los labios.
4 comentarios:
Mientras uno no pierda esa sonrisa de triunfo personal....todo irá bien :)
Para eso existe Nerv.
Cuidado con los cantos de sirena ;)
Me gustan las sirenas. Será por ese ramalazo autodestructivo ocasional que me da a veces.
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