sábado, 20 de noviembre de 2010

Conduciendo a través del indómito bosque

Por la noche, las carreteras se llenan de sombras. Manos firmes al volante y mirada al frente. Concentrado en ignorar al indómito bosque a ambos lados de la carretera. El coche a 80 kilómetros por hora cuesta abajo y a punto de atacar la última curva. Quizá esta noche fallen los frenos del vehículo y termine con mi nariz incrustada en lo que antes era un cerebro adulto sano si el airbag falla. Y, justo en ese instante, este pensamiento me distrae y surgen ideas perturbadoras acerca de los misteriosos seres que acechan la senda de asfalto.

La Luna Llena ilumina la carretera y me pregunto qué tal vería el firme si apagara las luces. Quizá al hacerlo, no viera que algo parecido a un gran mastín negro se ha adentrado en la calzada y me lo llevo por delante. Yo pararía el coche en el arcén, ansioso, y correría para socorrer a la maltrecha criatura. Y, antes de que pudiera darme cuenta de lo que tenía delante de mis ojos, esa mala bestia me devoraría a placer. Malditos hombres-lobo. Nadie haría preguntas pues en el indómito bosque habitan seres de muy diversos apetitos y estas cosas suceden más a menudo de lo que queremos reconocer.

Recorro unos metros más y la curva está más cerca ahora. Mientras empiezo a reducir la velocidad, veo una sombra moverse. Sé que es un árbol meciéndose bajo la luz de luna; pero, ¿y si en lugar de eso fuese una chica haciendo autostop? Sin pensármelo dos veces, me pararía en la curva para sacarla de tan peligroso lugar. Ya a salvo, la chica me contaría algo avergonzada que su novio la acaba de dejar tirada en el bosque a merced de sus malvadas criaturas. A la luz del cuadro de mandos, observaría su delgada aunque generosa figura, su espléndida melena rubia, sus ojos azules y su pálida tez blanca. Hablaríamos. Sonreiría. Sonreiríamos, reiríamos y justo antes de llegar a las lindes del pueblo más cercano, pararíamos para dejar que nuestros cuerpos hablasen. El mío, sin duda, hablaría con prisa y torpeza de caricias, besos, calor humano y, quién sabe, también de esperanza y felicidad. El de ella callaría al mío con un beso en los labios, para luego descender adonde la carótida late. Como toda buena vampiresa sabe, la sangre más dulce y nutritiva palpita en el corazón de los amantes.

Morir en los brazos de una bella vampiresa me parece una buena forma de abandonar este mundo. Ahora que tengo la curva más cerca aún, me pregunto qué pasaría si en lugar de una dulce chupasangre, la chica haciendo autostop fuera La de la curva. ¿Me atrevería a pasar de largo e ignorar sus advertencias? O, ¿la dejaría subir a mi coche para que me contara su triste historia y que, así, ella me salvara la vida? Jamás lo sabría puesto que he llegado y sobrepasado la curva y no hay tiempo para imaginar nada más.

La carretera continúa hasta el pueblo. Dejo atrás a las salvajes criaturas y al fantástico lugar que habitan. Esta noche he sobrevivido al viaje a través del indómito bosque. Puede que la próxima vez no tenga tanta suerte, pues la realidad suele ser más cruel que mi imaginación.

8 comentarios:

Julio Muñoz dijo...

Muy buen relato. Refleja las ansias de ese conductor, ansias de que le ocurra algo, bueno o malo, necesita que algo le ocurra, sentirse vivo aunque el miedo le pueda. Genial. Un abrazo. Nos leemos. ;)

Ikari dijo...

¡Muchas gracias por el comentario! Parece que no estoy tan oxidado como creía :)

FabricalDreams dijo...

Juasss, me lo he leído del tirón, me ha enganchado!!! ;-)

Ikari dijo...

¡Me alegro de que te haya gustado! Ya habrá más...

llunai dijo...

Ya te lo comenté... pero ahora te lo vuelvo a comentar. Me pone de mala leche tantas ganas de que le pase algo, he dicho xD

PD: He comentado pidón ^^

Ikari dijo...

Hay personas que sueñan con que nunca les pase nada. A este tío, le sucede todo lo contrario. El género humano es tan variado...

Por cierto, muchas gracias por acceder amablemente a mi petición ^_^

Arystor dijo...

Me ha gustado el relato. Que imaginaciones más interesantes tiene el conductor.

Ikari dijo...

Arystor, hay quien diría que el conductor tiene serios problemas mentales. No miro a nadie...

¡Muchas gracias por tu comentario y por pasarte por aquí!