sábado, 30 de abril de 2011

Las cajas

En esta Ciudad en la que uno nunca sabe cuándo va a abandonar el mundo de los vivos es peligroso incluso dar un simple paseo. Antaño, al caer la noche, sus centenarias callejuelas eran el rincón preferido de multitud de criminales para cometer todo tipo de fechorías. Los amantes aprovechaban los callejones para encontrarse y dar rienda suelta a sus instintos a salvo de miradas ajenas. Sin embargo, desde hace ya ni se sabe cuánto tiempo, estos muros y suelos de piedra sirven a otros propósitos.

La Ciudad tiende sus trampas. Innova y mejora sus estrategias como cualquier organismo vivo de este planeta. A su ya descrita capacidad para alterar la regulación semafórica y provocar accidentes de tráfico con sangrientos resultados, ahora ha creado lo que nosotros llamamos "cajas negras".

Si jugando con los semáforos logró disminuir en gran medida el número de ancianos, su nuevo sistema va encaminado a diezmar a nuestros jóvenes. Hemos detectado que en los lugares de marcha de la Ciudad han brotado del suelo unas cajas de dimensiones, formas y colores siempre diferentes que actúan como plantas carnívoras.

El Recinto Amurallado sabe que, con las hormonas alborotadas, los humanos tendemos a pensar muy poco lo hacemos. Nuestros jóvenes encuentran oportunamente estos objetos justo cuando buscan un lugar para explorar con sus lenguas algo más que sus mentes y bocas. Al parecer, las víctimas al descubrir las cajas sienten un irrefrenable impulso por sentarse o tumbarse o quitarse y/o quitarle la ropa a su pareja. En el momento en el que bajan completamente la guardia, la caja los engulle. Intuimos que este nuevo objeto sincroniza perfectamente sus ataques con el momento justamente posterior al clímax del orgasmo.

Más allá de que elige las apartadas zonas de marcha (incluidas las improvisadas), desconocemos el patrón escogido por la Ciudad para repartir estas nuevas armas por su superficie. De las cajas negras ignoramos su composición, sus emisiones químicas, sonoras y electromagnéticas, y su aspecto y tacto interior. Sin embargo, gracias a grabaciones sustraídas al departamento de seguridad ciudadana, tenemos abundante documentación gráfica que recoge su modus operandi. Nos gustaría estudiar al detalle las cajas pero se biodegradan al par de horas de la ingestión y posterior "traslado" de sus víctimas.

Aún no sabemos cómo combatir esta nueva arma pero ya buscamos cómo derrotarlas. Sabemos que el Recinto Amurallado necesita sangre humana y algo más aunque seguimos sin saber para qué. Sólo esperamos llegar a tiempo para evitar que la Ciudad inicie la Migración.

2 comentarios:

Julio Muñoz dijo...

Me encanta esta libertad creativa. Muy bueno.

Ikari dijo...

Se hace lo que se puede, Julio. ¡Gracias por tu comentario!