sábado, 19 de enero de 2013

Final

Una vez recorrí aquella carretera que no conduce a ninguna parte. Allí creí encontrarte, mas sólo eras una quimera producto de la actividad vírica.

No existes, alucinación.

Los espejismos y sus encantos. Tan frágiles como inconstantes.

Tan breves.

Un soplo de lucidez y desaparecéis. Un sorbo de agua y la salud recobrada amarga como bilis.

No existes, elipsis de mi biografía.
La duda ofende.
Las quimeras no existen.

El asfalto de noche. El cielo estrellado. El frío en los huesos. Un rictus de melancolía tras la sonrisa. Ése soy yo.

Tú, no.

miércoles, 2 de enero de 2013

Mentiras

Desde fechas relativamente recientes, fenómenos sin causa aparente están azotando la faz del planeta y a sus habitantes. Desplazamientos instantáneos e involuntarios en el tiempo o en el espacio, microondas que enfrían en lugar de calentar los alimentos, lluvia de agua dulce, personas felices sin mediación de fármaco alguno, generación espontánea de alimentos, bosques reconquistando para sí barrios abandonados en un abrir y cerrar de ojos...

Después de una rigurosa investigación, el culpable ha sido hallado. Este planeta es nuestro y el enemigo, al fin, ha sido desenmascarado: la Naturaleza, con su alegre paleta de colores y su veraniega brisa, se ha rebelado contra nosotros. ¡La Naturaleza es nuestra enemiga!

Me gustaría tenerla enfrente y encararme con ella. Quisiera preguntarle por los duros temporales de frío y nieve, o por los terremotos, o por las serpientes que matan a tantos niños todos los años. ¿Acaso se cree que sólo importan los daños y perjucios que ella sufre y no los que ella causa? Seguro que Ella aduciría que los animales se mueren o que los bosques desaparecen. ¡Milongas! ¿Qué importa que las especies se extingan si la Humanidad se enriquece con su muerte? ¿Acaso demuestra simpatía o indulgencia por esos pobres seres humanos que están mutando sin razón ni causa aparente? No. La naturaleza no siente compasión. La Naturaleza no siente nada por nadie que no sea Ella misma.

Nuestros productos modificados genéticamente son mejores que muchas de sus creaciones. Desde luego, se venden mucho mejor que cualquier semilla que haya creado a lo largo de millones de años de evolución. Nuestro poder nos permite crearlas en cuestión de semanas. Es nuestro producto y obedece completamente a nuestras necesidades. Podemos hacerlo mucho mejor que Ella. La alimentación de la especie dominante es asunto nuestro y la Naturaleza se empeña en estorbar y entorpecer nuestro progreso. ¿Por qué lo hace? ¿Con qué oscuros propósitos ataca a nuestras plantas de fabricación y distribución de alimentos manufacturados? Juega sucio y está tratando de eliminar a la competencia. ¡Acabar con nosotros! ¡Eliminar a los Humanos! Sin duda, con sus acciones ha iniciado una guerra. Desde luego, responderemos. Y cuando ganemos, ¡le haremos responder por todas las muertes que ha causado a lo largo de toda la Historia!

Sus intentos por deshacer la realidad clásica, cimentada en los poderes otorgados por la Ciencia y la Tecnología, son inútiles. La Naturaleza sufre de enagenación mental y si pudiera la llevaría ante un tribunal para declararla incapacitada y reclamar una cuantiosa indemnización por todos los daños económicos causados a la Humanidad. Cierto que nuestra especie modifica el entorno a su antojo y explota a placer todos los recursos, pero lo hacemos por el bien común. ¡Por el bien común!

Con la Naturaleza encarcelada e inhabilitada, todos seríamos más felices y yo podría seguir adelante con mis negocios.

Me gano la vida ganando dinero. ¿Qué hay de malo en ello? Con dinero puedo hacer cualquier cosa. ¿Puede la Naturaleza hacer algo con dinero? ¡No puede hacer absolutamente nada! ¡Nada! ¡Menuda inútil! El dinero es la vida. El dinero fluye por mis venas y me alimenta. ¿Puede la Naturaleza alimentarse con dinero? ¡Claro que no!

Quiero echar de aquí a la Naturaleza. Quiero expulsarla, quiero desterrarla del planeta y ver qué le sucede. ¿Sobreviviría en el Espacio? Nosotros sí podemos. Estamos colonizando ya otros mundos. Me gustaría verla debatirse en el vacío del espacio intentando respirar dióxido de carbono... Por cierto: ¡ella es la culpable del efecto invernadero! De no ser por nosotros, ¡el planeta se hubiera calcinado y el nivel de los mares habría ascendido tanto que todas las ciudades importantes del planeta habrían sido destruidas! Esos malditos defensores de la Naturaleza, que conspiran contra mí y los míos, opinan lo contrario y tratan de volver en nuestra contra a la opinión pública mediante mentiras inverosímiles. Sin embargo, ya sabemos cómo son y ante qué siniestros intereses responden...

Naturalmente, soy un ser civilizado y acepto que el mundo no es tal y como yo lo percibo. Sin embargo, tengo el poder necesario para que el mundo se amolde a mis deseos. ¿Puede la Naturaleza decir lo mismo? ¿Puede la Naturaleza decir algo? No, no puede.