martes, 19 de febrero de 2013

Andadura estúpida

Los vacíos son como las cucarachas. Nacen, crecen, se reproducen, echan raíces, se reencarnan, vuelven a nacer, crecen, se reproducen y así hasta el infinito.

Los vacíos, como las cucarachas, son expertos en progresar adecuadamente si les dejas. Un día cualquiera, sin proponértelo, aparece uno. Lo ves, lo estudias y lo descartas rápidamente. Sin embargo, regresa más grande y más negro. Poco a poco, adquiere masa crítica y no es tan fácil borrarlo del pensamiento. Unos días después, ataca de improviso al doblar una esquina. Ahora, tras adquirir el tamaño de un humano corriente, se hace difícil hacerlo desaparecer bajo la alfombra.

¿Y cómo ha llegado a alcanzar ese tamaño? ¿Cómo ha llegado a ser capaz de acaparar todo pensamiento racional?

La respuesta es bien sencilla: son muy hábiles dominando la conducta humana. Los vacíos, como las cucarachas, generan problemas de higiene mental. Cuanto mayor sea el enojo, la melancolía o la incomodidad que provoquen, mayor será su exitosa propagación por el organismo. Como las cucarachas.

Se debe cortar de raíz la proliferación de los vacíos. Son codiciosos, odiosos y feos pozos de autocompasión. Suprimir por completo cualquier rastro de negatividad suele ser un buen comienzo. Distraerse. Concentrarse en ser positivos per se es una estupidez que rara vez llega a buen puerto. Quizá el estudio atento de la propia conducta arroje resultados satisfactorios. Basta hallar el desencadenante para regresar a la senda de los vivos.

Los vacíos, como las cucarachas, no aportan nada. Carecen de función ecológica alguna, justo al contrario que esos asquerosos insectos.

lunes, 11 de febrero de 2013

Ajena

Línea quebrada. Influencia. Reproche. Galimatías. Intenso. Curva. Descarga. Tiempo. Roce. Suave. Tirita. Nieve. Púrpura. Pingüinos.