domingo, 23 de marzo de 2014

Con vosotras aprendí...

El amor romántico es la mentira suprema. El gran embuste. Una estafa de proporciones colosales fabricada con despiadado esmero por una Humanidad sumida en el autoengaño colectivo. La vida es gris y triste, poquísimas veces colorida y donde abundan las decepciones y las trolas. Esforzarse en ver las cosas de otro modo es hacerles el juego, y no estoy para perder el tiempo con nada ni nadie.

Todo es mentira. Haceos rápido a la idea u os expondréis a grandes decepciones. Yo aprendí la lección por las malas gracias a vosotras, mis chicas: las que nunca llegaron, las que se fueron antes de llegar, las pocas que me aceptasteis por un tiempo en vuestras vidas, las muchísimas que me rechazasteis sin contemplaciones y las que, simplemente, pasabais por aquí y decidisteis quedaros como amigas. A todas vosotras, mi eterno agradecimiento.

Todas tenéis razón: la vida puede ser preciosa, llena de color y todo es posible. Cualquiera puede encontrar el amor todas las veces que quiera siempre que esté preparado. Si la cosa funciona, tendrás a alguien con el que enfrentarte al mundo y salir victoriosos del empeño. Puede que decidáis tener descendencia juntos y que vuestros hijos, tarde o temprano, se avergüencen de vosotros. Sí, la vida puede ser maravillosa y todo podría cambiar en cualquier momento. Dar un paso, tropezar con una mirada interesante o un escote vertiginoso, y... ¡Zas! ¡La vida se transforma por completo y sin remedio! Puede que de una forma que ni siquiera seas capaz de imaginar. Es posible que te des de bruces con una fuente de mayores dosis de sufrimiento y frustración de las que puedes tolerar y, aun así, continúes adelante porque lo que acabas de encontrar es cuantitativamente mejor que no tener nada.

La vida está llena de posibilidades. Lo aprendí de vosotras porque no os hartáis de decirlo continuamente. He probado casi de todo con tal de daros la razón. Da igual que salga todas las noches o que no salga en absoluto. Poco importa que beba y me destroce el hígado o que abrace Los Doce Pasos. Tampoco funcionaron mis incursiones en el veganismo y otras modas alimentarias de dudoso valor nutricional. También fue un fracaso total mostrarme muy activo en las redes sociales e interactuar con intensidad con todas las mujeres interesantes que el azar puso en mi camino. Un año me apunté a clases de inglés porque, según me decíais muchas de vosotras, aprendiendo idiomas se liga. Ahora hablo algo de inglés, sé decir muchos tacos, pero no conseguí ni un teléfono, ni un facebook, ni nada. Algunas de vosotras me sugeristeis amablemente que me apuntara a bailes salón, y descubrí que no sólo soy penoso ligando sino que también poseo una rara descoordinación general que me incapacita para bailar merengue y lambada, así como para jugar al baloncesto. Por supuesto, tampoco ligué. También me apunté a yoga: aguanté una semana y después solicité la baja médica para recuperarme del principio de triple hernia discal. Por supuesto que, mientras torturaba mi cuerpo con aquellas horribles posturitas, tampoco conocí a nadie que mereciera la pena. Parece que nada funciona y mira que me empeño. Ni siquiera atraje a ninguna chica cuando me hice asceta. He probado el hipnotismo, libros de autoayuda para ligar, páginas web de contactos... ¡Hasta homeopatía! ¡Y nada! ¡Ojo! No lo he probado todo aún, con lo que el próximo remedio podría ser el definitivo. O puede que tampoco.

Siempre existirá alguien mejor que yo. Esa es, sin duda, la lección más importante que aprendí con todas vosotras: invariablemente, tarde o temprano, surgirá un hombre que se ajuste mejor que yo a vuestros requerimientos y preferencias. Si estáis conmigo, en algún momento aparecerá un tipo más alegre o más triste que yo, o más joven o más viejo, o mucho más delgado o mucho más gordo, o que os preste más atención que yo o mucha menos, o que sea más listo o muchísimo más bobo que yo... Así ad infinitum. En suma, un hombre idóneo y más deseable que yo. Y, antes de darme cuenta, os hartaréis de mí y saldréis en pos de alguien que se afeita la cabeza porque está de moda y/o se deja barba porque es lo más. O, aún peor: hartas por completo de mi tediosa prosa, os arrojaréis a los brazos del primer poeta que os componga odas y sonetos dedicados a glosar vuestra inmortal belleza. Según parece, componer versos es una cualidad muy apreciada, casi tanto como dejarse barba o afeitarse la cabeza. En la lucha por vuestro amor, nada puedo hacer para vencer al poeta mojabragas de turno.

Dicho todo esto, apostillo sin rimar:

Ni os busco,
ni os espero.

Ni aguardo turno,
ni os rindo culto.

Ni suplico,
ni me arrastro.

Ni tampoco me abandono
a los cantos de tu arisco recuerdo.

Sonrío. Y basta.

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