jueves, 23 de octubre de 2014

Hoy voy a conocer a mi padre

Supe que era él la mañana que leí su esquela en el periódico. Entre mis rutinas diarias, la lectura pormenorizada de las notas necrológicas me ayudaba a arrancar por las mañanas. Al contrario que a la mayoría de la gente, esa sección del periódico me espabilaba y me hacía recordar cuán corta es la vida. Sin embargo, mientras leía aquella esquela, un sentimiento de pesar, rabia y tristeza me invadió por completo.

En realidad, no conocía a mi padre. Mi madre apenas me contó nada sobre él y lo que encontré durante mis investigaciones tampoco me ayudó a esclarecer las razones de su huida. Sólo sabemos que mi padre nos abandonó la mañana de mi tercer cumpleaños. Dejó una escueta nota en la que decía que se iba a por tabaco, tarta y cerveza. Nada más. Ninguna explicación.

De camino a la oficina me crucé con cinco funerarias, un estanco, dos panaderías, tres cafeterías, un bar y media docena de pastelerías. Cada uno de esos establecimientos, que antes no me decían nada en absoluto, ahora me hablaban de mi padre. ¿Por qué se marchó? ¿No era feliz con nosotros? ¿Se enamoró de otra persona? En la nota necrológica, su familia le recordaba como un padre ejemplar, un enfermo de hepatitis crónica que sobrellevaba su grave enfermedad con tesón y un amante y cariñoso esposo. Le echarán mucho de menos, decía la esquela. Ni una palabra acerca de mí o de mi madre, cosa normal por otra parte.

El funeral de cuerpo presente sería esa misma tarde, a las siete, en una conocida iglesia. Me pasé toda la jornada reflexionando sobre los pros y los contras de acudir o no al funeral. ¿Debería asistir a las exequias del finado o no? ¿Cómo me sentiría en el funeral rodeado de sus seres queridos? Y sobre todo, ¿debía contárselo a mi madre? En el momento de dar el pésame a la familia, ¿les podría decir algo de corazón que los reconfortara, o me saldría por la boca en forma de amargas palabras toda la bilis acumulada por el odio todos estos años? ¿Debía revelarles mi existencia y la de mi madre, así como los pormenores de la fuga de mi padre, o debería dejarlo estar? O más inquietante aún, ¿sabrían ellos de nuestra existencia por boca de mi padre y callaron, o éste se llevó el secreto a la tumba? Decidí dejarlo en manos del azar. Después de tantos años, iba a conocer a mi padre. ¡Eso es lo que importaba! Y allí, en función de los acontecimientos y mis sensaciones, me decantaré por arruinar su bonito recuerdo o ser cómplice de su infamia.

2 comentarios:

Rock and Love dijo...

Qué bueno!

Ikari dijo...

Muchas gracias :)